Con una victoria muy corta del presidente actual en la primera vuelta de la elección presidencial, la segunda será un plebiscito sobre Erdogan, tras veinte años en el poder.
Además de la escalada de violencia entre Israel y Palestina, el nuevo gobierno ahora debe hacer frente a las protestas por la polémica reforma judicial.
Aunque las protestas representan las aspiraciones de libertad de amplios sectores, el nacionalismo y el descrédito de la occidentalización, y no solo el islam, siguen siendo apoyos firmes del gobierno.
Las persistentes protestas en Irán a raíz de la muerte de Mahsa Amini dan motivos para creer que es posible el cambio de régimen, aunque la lucha se prevé larga y sangrienta.
A las elecciones legislativas del próximo 15 de mayo concurren nuevos partidos que aspiran a romper la red de corrupción e intereses creados que perpetúa la profunda crisis del país.
Diez años después de la revuelta contra Bashar al Assad, el régimen sigue en pie gracias al adoctrinamiento, la represión, y el temor de la población al Estado Islámico.
El objetivo de echar a Netanyahu ha unido a ocho partidos muy distintos, incluido uno árabe, que mantienen posturas opuestas sobre asuntos clave como los asentamientos.
Los pactos de Bahréin y los Emiratos con Israel son síntoma del cambio geopolítico en la región: para los países árabes, Palestina no es decisiva, y ahora su mayor enemigo es Irán.
Con las elecciones presidenciales y legislativas del 24 de junio se consuma la concentración del poder planeada por el líder islamista, que se considera heredero del sultanato y a la vez de Atatürk.