Una cuestión de etiqueta

Para la Unión Europea es un procedimiento elemental que los productos de importación que se ofertan en sus mercados incluyan información sobre el lugar en que fueron confeccionados, pero Israel ve en ello un intento de boicot… si el sitio de fabricación es uno de sus asentamientos en territorio palestino ocupado.

Sobre el impacto que puede tener la reciente decisión de la Comisión Europea, de que tales productos consignen en su etiqueta la expresión “Producido en Cisjordania (asentamiento israelí)”, en lugar de “Producido en Israel”, The Economist cita el ejemplo de la premiada empresa Psagot Winery, ubicada en un asentamiento en territorio palestino, al norte de Jerusalén, destino favorito de políticos de la derecha israelí y norteamericana. El 65% de las botellas que se producen anualmente allí se reservan para la exportación, y desde ahora, cuando se envíen a Europa, deberán hacerlo bajo el nuevo etiquetado.

A Yaakov Berg, dueño de la empresa, no le preocupa: “Los clientes saben dónde estamos y quieren comprar los vinos. Esto probablemente los haga más populares”. Ya está planificando una línea de cajas de regalos de Navidad con otros productos del asentamiento, e imagina que será un éxito entre las comunidades evangélicas de EE.UU., un optimismo que contrasta con el algunos de sus colegas que temen que caigan las ventas si los almacenes europeos rechazan admitir sus productos.

El etiquetado de mercancías de los asentamientos en Cisjordania, las Alturas del Golán y Jerusalén oriental ha sido motivo de controversia diplomática entre la UE e Israel durante siete años. Los europeos, como el resto del mundo, no reconocen la soberanía israelí sobre los territorios capturados durante la guerra 1967, y ven las colonias israelíes como ilegales.

Israel disfruta de un acceso preferencial a los mercados europeos y obtiene fondos para programas de investigación dentro de la “Línea Verde” (la demarcación que separa sus fronteras de 1948 del resto del territorio palestino y sirio), pero ha rechazado cumplir con previas regulaciones de etiquetado. Ahora, cada país miembro de la UE deberá verificar que en las importaciones de los asentamientos se declare correctamente el origen, y no por deseo alguno de boicot, sino por asegurar que los consumidores estén bien informados.

Según The Economist, es improbable que la medida afecte mucho a la economía israelí. El Ministerio de Economía local estima que podría significar no más de 50 millones de dólares en pérdidas anuales para los productores israelíes, de los 300 millones que exportan los asentamientos y de los casi 19.000 millones que Israel exporta a Europa.

La respuesta de Israel ha sido, sin embargo, acusar a la UE de discriminación, y el primer ministro, Benjamin Netanyahu, asegura que la decisión europea hace reflotar “oscuros recuerdos”, en alusión al Holocausto. El Jerusalem Post reporta que la mayoría de las fuerzas políticas israelíes hablan de “discriminación” y “antisemitismo”, con una de las escasas excepciones en el bloque pacifista Meretz, el cual afirma que la medida “permitirá al mercado israelí desligarse de la dolorosa carga que son los asentamientos”.

Tampoco el gobierno de EE.UU., cuya relación con Netanyahu dista de ser fraterna, ha visto en la decisión europea un intento de boicot, sino una medida que, según el Departamento de Estado, “no es nada sorprendente”, dada la persistencia israelí en continuar levantando asentamientos en territorio palestino.

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