Los hermanos Dardenne, conocidos –y premiados– por su cine naturalista y social pero no ideologizado, charlan con Aceprensa a raíz de la presentación de su última película.
La obsesión por la seguridad en la crianza de los hijos funciona como una profecía autocumplida: convierte el mundo en un lugar hostil para unos niños a los que se ha hecho frágiles.
No se debe convertir un producto pensado para triunfar en Netflix en una herramienta educativa o sociológica. La realidad suele ser más compleja. En este caso, mucho más.
Llevar a los hijos a terapia ante los primeros síntomas de problemas psicológicos no siempre es prudente, y puede reforzar la falta de confianza de los padres en sus propias capacidades.
Aunque de un modo aún no definitivamente establecido, las técnicas de reproducción asistida se relacionan con algunos perjuicios para la salud de las personas así concebidas.
Frente al estereotipo del “padre inútil”, se percibe una creciente –y necesaria– revalorización de la paternidad, tanto en la cultura como en la política y la iniciativa social.
Los procesos de FIV no están a salvo de errores o de manipulaciones intencionales de las muestras de esperma, y las personas afectadas lo sufren de modo duradero.
El actual repliegue del padre perjudica la crianza de los hijos y la vida social, pero aún no hemos reaccionado, advierte María Calvo, autora de un reciente libro sobre el tema.
El caso del padre que apenas ve a sus hijos no es ya tan típico de altos ejecutivos: se da más en hombres de clase modesta que necesitan hacer largas jornadas de trabajo para mantener a la familia.
Ser madre desencadena cambios hormonales y una reprogramación del cerebro para cuidar del hijo. Lo mismo le pasa al padre, dice la neurobiología actual, y habría que prestarle más atención.