A veces se tilda a los colegios católicos de ser una especie de gueto para familias ricas y de ideología conservadora. Un estudio reciente cuestiona estos mitos.
El rendimiento escolar de los hijos se ve afectado cuando los padres no pueden ayudarles con las tareas porque sus horarios de trabajo son impredecibles.
En la discusión sobre la escuela concertada, donde unos ven formas de seleccionar a un alumnado aventajado, según otros solo hay pura supervivencia económica ante la falta de ayudas públicas.
Para que las familias pobres no tengan que conformarse con escuelas de peor calidad, en Estados Unidos se les ofrecen cada vez más posibilidades de elegir.
La pobreza tiene una tendencia acumulativa. Un mal barrio suele comportar un mal colegio, y este, un mal trabajo. Pero el círculo vicioso se puede romper.
Varios programas en el Reino Unido y EE.UU. pretenden que los chicos de colectivos especialmente vulnerables continúen su educación más allá de la etapa obligatoria.
Mientras en los colegios privados y concertados desciende la proporción de matriculados, el aumento en los públicos se debe a las etapas finales, sobre todo Bachillerato.
La tendencia a enfocar la enseñanza en la universidad hacia las salidas profesionales más demandadas o mejor retribuidas, puede distorsionar la identidad de esta institución.
Tanto la excesiva insistencia en el orden y la disciplina como un clima de caos en el aula resultan lesivos para formar mentes originales y con criterio propio.
A pesar del discurso multiculturalista oficial, las aulas y el mercado laboral franceses reproducen una segregación étnica que perjudica especialmente a los chicos.