El autor de la muy notable Happythankyoumoreplease vuelve a escribir, dirigir e interpretar una comedia dramática de enorme interés. Que un autor se atreva a plantear –por segunda vez– cuestiones como las que Radnor aborda, y que lo haga del modo en que lo hace, es un verdadero regalo.
El argumento y sus conflictos no son especialmente novedosos: insatisfecho profesor universitario de 35 años vuelve a su alma mater para un homenaje a un maestro que le marcó, y conoce a una joven universitaria que es lo que él fue hace 16 años. Pero la mirada de Radnor es cautivadora, y su empeño por no ser frívolo ni cínico, sencillamente emocionante y lleno de encanto. Cuando podría limitarse a hacer el payaso y acumular situaciones cómicas y chistes más o menos ingeniosos, como han hecho muchos cineastas –incluido el peor Woody Allen–, Radnor se descuelga con una historia que, sin ser redonda, tiene hallazgos memorables.
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Liberal Arts (titular en español Amor y letras es una necedad) cuenta con unas soberbias interpretaciones, el nivel de escritura es muy alto y hay situaciones brillantes (la que propicia el libro de la saga Crepúsculo, los episodios de las redacciones y lecturas de las cartas, o la descripción de cómo Beethoven te cambia la vida…). Falla el ritmo, le cuesta arrancar, la estructura del guión tiene deficiencias (las tramas secundarias estorban y restan intensidad), el montaje no es demasiado acertado y hay alguna exageración innecesaria.
“Hay que tratar a las lenguas como a los campos; para volverlas fecundas, cuando ya no son nuevas, hay que removerlas desde lo más profundo”, dejó escrito Joseph Joubert. Difícilmente se puede explicar mejor lo que ocurre con esta película.