Estudios recientes realizados en Estados Unidos analizan el fenómeno de los jóvenes que retrasan las decisiones vitales para evitar las responsabilidades de los adultos.
El cardenal Stanislaw Rylko pronunció el pasado 22 de abril un discurso en la Conferencia Episcopal Española, como preparación para la próxima Jornada Mundial de la Juventud que tendrá lugar en Madrid en agosto de 2011.
Una encuesta a los norteamericanos de la “generación del Milenio” muestra que sus mayores aspiraciones son ser buenos padres y tener un matrimonio feliz.
De un tiempo a esta parte, los ayuntamientos de muchas ciudades españolas han puesto en marcha ofertas de ocio alternativo con tal de facilitar otras formas de diversión nocturna. Estas iniciativas pretenden ofertar actividades de choque contra los riesgos del ocio nocturno.
Pasar la noche entera “de marcha” se ha convertido en la opción preferida de ocio para muchos jóvenes y adolescentes, como un reciente estudio corrobora en España. Esto invita a plantearse cómo proponer a los jóvenes otras formas más seguras de divertirse.
El Foro Generaciones Interactivas en España, integrado por Telefónica, la Universidad de Navarra y la Organización Universitaria Interamericana (OUI), acaba de publicar su primera investigación: “La Generación Interactiva en España. Niños y adolescentes ante las pantallas”.
Durante la próxima Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado (Estoril, 30 de noviembre) se someterá a ratificación la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes (CIDJ), un tratado internacional repleto de vaguedades y algún que otro tic ideológico.
Estrellas como los Jonas Brothers y Hannah Montana triunfan entre el público juvenil. Pero ellos son auténticos transgresores, con unas canciones y una actitud vital atípicas en el mundo del rock.
Psicólogos de Estados Unidos advierten sobre el uso exagerado del SMS por parte de los adolescentes, y el gobierno francés prohíbe los móviles en las escuelas primarias para evitar riesgos no probados.
La simbiosis entre los reality shows televisivos y las redes sociales está conformando un nuevo tipo de jóvenes que viven en Internet y diseñan su vida y sus relaciones virtuales como si de una empresa se tratara.
Casos como el del asesinato de Marta del Castillo, que ha conmovido a la opinión pública española, revelan unas patologías sociales que no se pueden arreglar simplemente endureciendo el Código Penal.
La edad en que los menores pueden tener capacidad legal para hacer determinadas cosas está evolucionando de modo contradictorio. En asuntos que tienen que ver con la seguridad y la salud, la ley es cada vez más protectora y eleva la edad; en cambio, la rebaja para la autonomía sexual.
A medida que los padres pierden o abdican de su autoridad en la educación de los hijos, y la escuela se demuestra incapaz de sustituir a los padres, los trastornos de conducta juvenil van en aumento y, al final, se acaba recurriendo al Código Penal.