La hipótesis de que los niños criados en uniones homosexuales no se diferencian de los demás se tambalea cuando se pregunta directamente a los hijos adultos.
En un blog del Washington Post, Aaron Blake muestra que la supuesta nueva mayoría de estadounidenses a favor del matrimonio gay depende de cómo se formulan las preguntas de las encuestas.
El Ministro de Educación de Gales se ha molestado porque los colegios católicos han enviado a las familias una carta de los obispos en contra del matrimonio gay, y mantiene que hay que enseñar a los alumnos una “perspectiva equilibrada”.
El movimiento gay tiene bien aprendida la consigna de que “lo que no se ve no existe”. Pero esta opción por la visibilidad de los homosexuales resulta bastante selectiva.
La agitación en torno al matrimonio gay no tiene nada que ver con la libertad y la igualdad, y sí mucho con que algunas élites han descubierto aquí una nueva misión moral.
Es frecuente que se afirme, como si estuviera probado, que la homosexualidad es tan innata como el color de la piel, y que no se puede cambiar. Pero la ciencia no ha demostrado tal cosa, advierte el psicólogo norteamericano Stanton L. Jones.
La propuesta de David Cameron de redefinir el matrimonio en el Reino Unido casa mal con su modelo de la “gran sociedad”, en la que el Estado no interfiere para alterar instituciones básicas de los ciudadanos.
Al anular la reforma constitucional californiana que solo reconoce el matrimonio entre un hombre y una mujer, un tribunal de apelaciones abre la vía para que se pronuncie el Tribunal Supremo.
Una campaña de organizaciones homosexuales españolas ha logrado que una cadena de librerías retire la obra Comprender y sanar la homosexualidad. El autor, Richard Cohen, explica sus tesis en una entrevista.
Las respuestas de los jóvenes sobre la presión ambiental para iniciar relaciones sexuales ponen en cuestión el enfoque de buena parte de los programas de educación sexual que se despachan en la escuela.