Kate Bryan, directora de comunicación de la Marcha por la Vida en Washington D.C., responde a algunas preguntas sobre el movimiento provida en Estados Unidos.
La Iglesia católica de EE.UU. reclama una solución justa al tema de los jóvenes inmigrantes indocumentados o “dreamers”, dice a Aceprensa el obispo de Lexington, John Stowe.
Jóvenes de todo el mundo que antes veían a EE.UU. como destino de sus estudios superiores, están prestando atención a otros países angloparlantes de proyección más amable.
El gobierno permite objetar por razones éticas o religiosas al “mandato anticonceptivo” e insta a proteger la libertad de conciencia en las leyes antidiscriminación.
Aunque el “establishment” demócrata apoya de forma oficial el aborto, se discute si en las legislativas de 2018 estaría dispuesto a respaldar a candidatos con ideas distintas en este tema.
Si el Congreso no regula en seis meses la situación de los jóvenes indocumentados que llegaron siendo niños a EE.UU., las deportaciones pueden pasar a ser más que una amenaza.
Raro caso de país desarrollado sin cobertura sanitaria universal, Estados Unidos puso en marcha una original fórmula, el “Obamacare”, que va a ser abandonada sin dar tiempo a comprobar si funciona.
El “fact checking” no es la panacea para desactivar la demagogia de Trump: el nervio central de su relato seguirá intacto mientras los medios no se tomen en serio las percepciones de sus votantes.
El líder republicano, la tercera autoridad política de EE.UU., es un buen ejemplo del nuevo conservadurismo que reclaman algunos intelectuales de la derecha.