El 250 aniversario de la independencia de EE.UU., visto desde un ángulo menos obvio: la relación con Europa, precisamente ahora que hay un repliegue norteamericano hacia su hemisferio.
Donald Trump ganó las elecciones de 2024 uniendo a su electorado en torno a un enemigo común (el progresismo “woke”) y a la promesa de devolver la grandeza a América. Ahora comienzan a producirse tensiones y abandonos entre quienes lo apoyan.
Aunque el secretario de Estado norteamericano y el canciller alemán hayan invocado en Múnich la necesidad de la alianza transatlántica, se nota que EE.UU. y Europa no la entienden igual.
La actual política migratoria de EE.UU. hace variar los flujos de remesas hacia el otro lado de la frontera sur…, pero puede volverse contra sus “arquitectos”.
El homicidio del joven activista político, uno de los más populares entre el trumpismo, dice mucho –y malo– del ecosistema social, político y mediático en el que intentaba abrirse paso.
En la acción exterior de la Casa Blanca no priman las alianzas con otras democracias, ni la lucha contra las autocracias: todo es cuestión de intereses, y los primeros son los de Estados Unidos.
El nuevo secretario de Estado, del que se podía esperar un enfoque más internacionalista por sus orígenes y trayectoria política, disipó esta posibilidad en su primer discurso.