¡Tan lejos, tan cerca!

¡Tan lejos, tan cerca!

In Weiter Ferne, So Nah!Director: Wim Wenders. Intérpretes: Otto Sander, Peter Falk, Horst Buchholz, Bruno Ganz.

En su última película, Wim Wenders retoma los personajes de Cielo sobre Berlín, para ofrecer -con una perspectiva diferente- una arriesgada visión de Berlín tras la caída del muro y de la propia existencia humana. La película obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 1993.

El ángel Cassiel (Otto Sander) va de un lado a otro de Berlín contemplando la vida de los hombres. Con frecuencia no entiende su comportamiento, y le gustaría poder intervenir para remediar tantos males. Pero su papel se reduce al de observador y mensajero. Hasta que un día salva la vida de una niña, y sus anhelos de convertirse en ser humano se hacen realidad. Pero Cassiel descubrirá pronto que actuar bien no es tan fácil.

El cineasta alemán ha dirigido una película profundamente religiosa: Wenders, cristiano, afirma sentirse cercano a Robert Bresson en sus planteamientos trascendentes. A diferencia de Cielo sobre Berlín, esta vez los ángeles no son una simple metáfora: son los mensajeros que comunican a Dios con la gente, unos seres capaces de ayudar a los hombres aunque estén a la vez “tan lejos y tan cerca” de ellos. El director reivindica sin ambigüedades el papel de la religión en una sociedad en la que -como se dice en el film- “la gente cree que ha conquistado de verdad el mundo, pero es el mundo el que ha conquistado a la gente”.

Como en su anterior película -Hasta el fin del mundo-, Wenders critica el excesivo consumo de imágenes característico del mundo actual, que, a su juicio, hace peligrar el amor, pues trae consigo el olvido del saber mirar. Resulta curioso que esta idea -subrayada con la cita de San Mateo 6, 22- sea también leiv-motiv de Canción de cuna, de Garci, confesado admirador de Wenders. La crítica se apuntilla al mostrarse el negocio de un desaprensivo, que intercambia vídeos porno por armas de la antigua Alemania del Este. Otros temas sugerentes planteados por Wenders son la soledad, la dificultad para hacer el bien y la fugacidad del tiempo.

La estructura narrativa de la película es decididamente complicada, pues cambia con frecuencia de estilo. Tiene una primera parte en blanco y negro, en la que ofrece la visión global que Cassiel percibe de Berlín, y en la que abunda la voz en off para mostrar el pensamiento de los hombres. Cuando Cassiel se convierte en hombre el film pasa a color, retornando al blanco y negro en los momentos en que muestra la visión de otros ángeles.

En la historia hay dos partes bien diferenciadas: el declive del antiguo ángel ante las dificultades que le plantea su nueva condición humana, y su empeño -mostrado en formato de thriller- por desbaratar el negocio de armas. Pero el tono ecléctico del film hace que se pase con facilidad de la reflexión profunda a lo dramático o a lo humorístico.

Wenders se sirve de una espléndida fotografía, a veces con nerviosos movimientos de cámara. También recurre a dos bazas de gran eficacia: la música, que convierte en parte integrante del relato; y el atractivo reparto, que cuenta además con la aparición especial del ex-presidente soviético Mijail Gorbachov.

José María Aresté

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