RKO 281

Director: Benjamin Ross. Guión: John Logan. Intérpretes: Liev Schreiber, James Cromwell, Melanie Griffith, John Malkovich, Roy Scheider, Brenda Blethyn, Liam Cunningham. 87 min. Jóvenes.

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A ningún buen aficionado al cine se le escapa que Ciudadano Kane (o RKO 281, el proyecto 281 de los estudios RKO) es una obra maestra. Una historia apasionante, repleta de hallazgos, de los que contribuyen a que el cine pueda considerarse, de verdad, el séptimo arte. Pero, ¿qué tal una película sobre cómo se rodó el mítico film? Esto se propone RKO 281, una cuidada producción televisiva de la HBO, cuya calidad ha permitido su estreno en salas de cine de todo el mundo.

En 1940, Orson Welles era lo que se conoce como un Wonder Boy. Con tan sólo 24 años había conseguido brillar en magníficos montajes teatrales, además de conmocionar a Estados Unidos con su versión radiofónica de La guerra de los mundos de H.G. Wells. Era inevitable que Hollywood, en plena época dorada, reclamara la presencia, para dirigir una película, del que ya era calificado como genio. El film que aquí se comenta narra la génesis y estreno de Ciudadano Kane, la historia de “un hombre que lo gana todo y pierde su alma”, inspirada en el personaje real de William Randolph Hearst, un magnate de los medios de comunicación.

El desconocido Benjamin Ross ofrece un film esmerado. Bien documentado, presenta los elementos clave para entender cómo hizo Welles su primera película. El que conozca la historia quizá eche de menos el elemento sorpresa; pero, en todo caso, verá con agrado cómo se incluyen las presiones de Hearst y su convivencia con Marion Davis; la relación a veces tormentosa de Welles con su guionista Herman Mankiewicz; el vértigo del poder, sufrido por el propio Welles; las audacias formales que impone al magnífico operador Gregg Toland; el repetido visionado de La diligencia de John Ford para aprender montaje y planificación… Falta un poquito más de emoción, y cuesta creerse a algunos personajes, de los que uno conoce perfectamente su verdadero rostro: me refiero a Orson Welles pese al notable esfuerzo de Liev Schreiber, o a Joseph Cotten. Pero el conjunto es digno y consigue la meta de insuflar dramatismo a la historia, de no quedarse en un relato casi documental.

José María Aresté