David Fincher (Seven, Zodiac, La red social) ha dirigido el remake americano de la película sueca basada en la primera novela de la saga Millennium.

El realizador canadiense dirige una cinta superior a la televisiva versión sueca imprimiendo ritmo a la trama, fuerza visual y algo más de profundidad a la relación entre los protagonistas. Pero no supera los problemas de la novela y de la película anterior: falta historia –muy convencional, con relaciones y conflictos encajados maquinalmente–, no hay contrapunto en el acerbo retrato de la sociedad sueca y la insistencia en la morbosa truculencia es agotadora.

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