Matrix Revolutions

Directores y guionistas: Andy y Larry Wachowski. Intérpretes: Keanu Reeves, Carrie-Anne Moss, Hugo Weaving, Laurence Fishburne, Mary Alice, Ian Bliss, Harold Perrineau, Jada Pinkett Smith. 129 min. Jóvenes.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Matrix Revolutions confirma lo que ya nos hizo sospechar Matrix Reloaded: ambas películas sobran. Matrix, film iniciador de la saga, era en realidad el principio y el final. Hizo historia en el campo de los efectos especiales, y supo plantear un puñado de cuestiones interesantes, que le conceden un puesto relevante en el cine de la ciencia-ficción: el mundo de apariencias en que podemos vivir, la rebelión de las máquinas, la necesidad de ser salvados, el mesías de reminiscencias judeocristianas…

Pero cuesta creer a los hermanos Wachowski cuando afirman que siempre tuvieron la idea de una trilogía. Porque la segunda y la tercera entrega nacen heridas de muerte: no tienen nada de entidad que aportar en el ámbito argumental. Son, eso sí, películas entretenidas, bien rodadas, con espectaculares escenas de acción. En la que nos ocupa, destacan la invasión de los centinelas, con engendros mecánicos de rara perfección, y el combate final bajo la lluvia, entre Neo y el agente Smith, de proporciones épicas. Pero cuando estos films tratan de explorar nuevos territorios, detallar ese mundo futurista, patinan. Se deslizan por el resbaladizo suelo de la jerga informática, que quizá agrade a los adictos a las nuevas tecnologías, pero que nada dice acerca de la realidad del hombre, del sentido de su vida. Otro problema que presentan es la frialdad de los personajes. Lo que funciona en la primera parte, aquí no lo hace tanto: Neo, Trinity y compañía son ya viejos conocidos, queremos saber más de ellos. Su hermetismo, sin embargo, nos niega su amistad.

¿Qué novedades aporta esta entrega final? La existencia de un limbo entre la realidad y Matrix; la recuperación del sacrificio, decisivo en el cumplimiento de la misión del Elegido; la bidireccionalidad entre lo real y lo virtual; los deseos de existir de verdad, que pueden tener los personajes que se mueven en el segundo entorno; la alianza con las máquinas para luchar contra el software corruptor… Un batiburrillo de conceptos, más o menos ingenioso como rompecabezas, pero que palidece ante la coherencia del film original.

José María Aresté

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares