Basada en una novela gráfica (a su vez claramente inspirada en los excelentes relatos de ciencia-ficción del gran escritor que fue Ray Bradbury), esta película presenta un futuro cercano en el que los hombres se quedan en casa mientras sus sustitutos (unos robots antropomorfos muy perfeccionados, hasta el punto de parecer plenamente humanos) salen a la calle, conectados al cerebro de su titular. De este modo, los humanos evitan los riesgos de la calle y pueden parecer siempre jóvenes y hermosos.

El director y los guionistas de Terminator 3 han hecho una película correcta (a ratos, un tanto espesa y discursiva en el nudo) que tiene una buena puesta en escena, secuencias espectaculares e inquietantes apuntes sobre lo que pasa cuando la ciencia vuelve la espalda a la ética y se empeña en presentar como avances auténticas atrocidades. Con todo, y paradójicamente, se puede decir que, en ciertos aspectos, la realidad supera a la ficción.

Un veterano Bruce Willis interpreta al desencantado y angustiado policía protagonista, que con una compañera tiene que investigar el misterioso e insólito crimen de un sustituto y de su titular, hijo de un importante científico.

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