Los ángeles de Charlie empezaron como agencia de detectives en la que las agentes sorprendían por una eficacia que igualaba su atractivo. Cincuenta años después a nadie le sorprende que haya mujeres de armas tomar. Drew Barrymore se dio cuenta y en la versión que produjo decidió que no había que tomarse nada en serio, y acertó.

La nueva versión no ofrece nada nuevo y, si no se es exigente, resulta entretenida; es tan tonta como la de Barrymore pero, a diferencia de aquella, se toma en serio aunque sea a costa de forzar cada personaje y cada situación, para convencer –¿a quién?, ¿hace falta?– de que las mujeres son superiores a los hombres en todo; también en el arte del mamporro.

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