La última bandera

La última bandera

TÍTULO ORIGINAL Last Flag Flying

PRODUCCIÓN Estados Unidos - 2018

DURACIÓN 124 min.

PÚBLICOAdultos

CLASIFICACIÓNLenguaje soez, Sexo

ESTRENO02/03/2018

GÉNEROS,

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Linklater construye una película sólida con materiales bastante curiosos, por una parte, pero absolutamente dentro de su universo narrativo, por otra. Darryl Ponicsan escribió una novela en 1970, The Last Detail, que tres años después llevó al cine Hal Hasby con Jack Nicholson, Otis Young y Randy Quaid como protagonistas. Es cine de autor setentero con vitola de pequeña joya, con tres nominaciones a los Oscar y premio a mejor actor en Cannes para Nicholson. Dos marines destinados en la base de Norfolk reciben la misión de trasladar a un colega a la prisión naval de Portsmouth. El penado ha robado cuarenta dólares de los donativos de una gala benéfica organizada por la esposa del almirante. En el viaje, que deciden disfrutar como unas vacaciones pagadas, pasan por Nueva York y Washington.

Last Flag Flyng es una novela, escrita por el propio Ponicsan en 2005, que retoma a los personajes y los sitúa en diciembre de 2003. Doc (un excelente Steve Carell), el que robó los 40 dólares, acaba de perder a su único hijo en la guerra de Irak. Y después de tres décadas sin ver a sus dos colegas, acude a ellos para pedirles que le ayuden a enterrar al hijo muerto.

Tres grandes actores en una película muy de Linklater, con preguntas sobre la vida, la muerte, lo correcto… y sobre el tiempo. Porque ese es el gran tema de Linklater. Su cine es un escáner sociológico de un artista que aparentemente no toma partido, una especie de notario escéptico. La cinta tiene garra, está bien contada y tiene una estructura de buddy-road movie que funciona. Como en casi todo el cine de Linklater, sobran 30 o 40 minutos, la mitad de autocomplacencia. La fotografía y el montaje, que priman el realismo cotidiano desmitificado, realzan los diálogos (alguno desapacible y procaz en sus remembranzas de juergas) que permiten acceder a las motivaciones de los personajes: el padre que ha perdido a sus seres queridos y afronta la soledad, el propietario de un bar que vive al día y esconde su sensibilidad detrás de un lenguaje soez y un comportamiento cínico, y el pastor que ha reformado su vida tras las locuras de juventud.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares