Después de varios sonoros patinazos y algún título con poca gloria (nunca he sido muy defensora de Julieta), Almódovar recupera el tono y, aunque Dolor y gloria no es Volver, ni Mujeres al borde de un ataque de nervios, sí puntúa alto en la filmografía del cineasta manchego.

Salvador Mallo es un director de cine retirado por culpa de una enfermedad física pero también psíquica. A lo largo de la película, va reencontrándose con personas que marcaron su infancia y su vida adulta. Es un viaje que le sirve a Almodóvar para hablar de algunos de sus temas recurrentes: del amor, del deseo, de la amistad, de la muerte y, sobre todo, del cine y de la maternidad. Las dos cuestiones que vertebran toda la película.

Además de los tintes autobiográficos, Dolor y gloria es una cinta absolutamente metacinematográfica, una especie de testamento de lo que Almodóvar piensa sobre el séptimo arte, sobre cómo construir un personaje y cómo debe avanzar la acción. Es además de lección, un canto absolutamente emotivo a una profesión que es su propia vida; porque no hay que olvidar que Pedro Almodóvar, mucho antes que director de cine, es un personaje cinematográfico. Una persona que ha fundido su vida con su filmografía, y Dolor y gloria es la prueba más patente de ello.

Pero si el cine es una columna de la película, la otra vuelve a ser la maternidad. O mejor dicho, su madre. En Dolor y gloria, Almodóvar no habla de la maternidad como hablaba o teorizaba en Julieta. Aquí habla directamente de la madre: de la suya. Interpretada por Penélope Cruz y Julieta Serrano –clamorosos guiños–, es la figura que acompaña y sostiene al protagonista durante toda su vida. Las idas y venidas del artista, sus temores, aspiraciones y pasiones tienen como referente, a veces como choque, otras como catapulta, la mirada de su madre. De ahí, de ese contraste, nace el tono íntimo, emotivo, humilde –porque ante una madre todos somos siempre niños– y sincero de la película.

Almodóvar, lo sabemos, es un magnífico director de actores sobre todo cuando rueda –y es casi siempre– con un grupo de actores que ha formado él. Todos están impecables aunque, y aquí está el flanco más débil de la película, haya momentos en que la nostalgia se desborda y obliga a los personajes a rozar el melodrama. Pero esto también, hay que reconocerlo, es firma de la casa. Que mayor, nostálgico o sereno, Almodóvar sigue siendo Almodóvar.

Ana Sánchez de la Nieta
@AnaSanchezNieta

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