Caramel

GÉNEROS, ,

PÚBLICOAdultos

CLASIFICACIÓNSensualidad

ESTRENO01/07/2007

El caramelo del título tiene que ver con el que se usa en un salón de belleza situado en un popular barrio de la zona cristiana de Beirut. Allí trabaja una musulmana insegura, que prepara su matrimonio; una chica algo marimacho, que se enamora de una bella clienta; y una joven cristiana, que mantiene una turbia relación con un hombre casado y se obsesiona con conocer a su familia. Y pululan por el local una mujer madura, que aspira a triunfar como actriz; un sencillo policía, que intenta ganarse el corazón de una de las peluqueras, y un anciano, que acude más de la cuenta a una sastrería porque está enamoradísimo de la señora que la regenta: una cristiana piadosa, que soporta con paciencia la locura de su hermana.

En esta su opera prima tras la cámara -Premio del Público y de la Juventud en el Festival de San Sebastián 2007-, la actriz y modelo libanesa Nadine Labaki demuestra que es una actriz con chispa, una guionista inteligente y una directora con personalidad visual. Con su caleidoscópico relato de minihistorias entrañables y jugosas, todas ellas muy bien interpretadas, Labaki se gana el corazón del espectador, al que le lleva como si tal cosa del dramón a la comedia disparatada, haciendo escala en un costumbrismo casi surrealista.

Eso sí, la película padece ese cierto permisivismo moral característico del cine francés -no en vano es una coproducción franco-libanesa- y una cierta tendencia a la corrección política y al “todo el mundo es bueno”. Esto se aprecia en un recurso algo insistente de Labaki a una sensualidad postiza, así como en la superficialidad con que asume la ideología de género -y en concreto el lesbianismo- y en la ingenuidad con que presenta la ansiada convivencia armoniosa entre las distintas religiones en el Líbano, desdramatizando y simplificando en ambos casos realidades muy complejas.

De todas formas, esta ligereza también beneficia a su simpática defensa de la fidelidad conyugal, la religiosidad sincera, la amistad generosa, la solidaridad, la capacidad de sacrificio… Desarrollada, además, con una descarada emotividad, hábilmente subrayada por la preciosa partitura de Khaled Mouzanar. Luces y sombras, en una película viva y colorista, que seguramente guste a un público amplio.

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