Cuando una cumbre de la OTAN es sobre todo noticia por las repercusiones mediáticas del aluvión de declaraciones de Donald Trump, en los días anteriores y posteriores, se puede asegurar que sus decisiones no aportarán grandes novedades ni para el presente ni para el futuro de la organización.
Los titulares de algunos medios de comunicación han oscilado entre la inquietud de que en Ankara se ahondaría más en la fractura de la alianza trasatlántica y los llamamientos a que la actual situación representa una oportunidad para consolidar una Europa de la defensa, entendida esta como un mayor desarrollo del pilar europeo de la OTAN. Lo primero no ha sucedido pese a la divergencia de intereses, y lo segundo no deja de ser una aspiración continua que no será posible sin el concurso de Washington.
El análisis de algunos párrafos de la Declaración de Ankara, consensuada a última hora del segundo día de la cumbre, pero enviada a las respectivas cancillerías con la suficiente antelación, nos da algunas pistas sobre lo decidido –o sobre lo aplazado– en la reunión. Por de pronto, es un texto breve de seis párrafos, aunque algo más extenso que el de la Declaración de la Haya de 2025. Lejos quedan aquellas declaraciones de las Cumbres, como la de Washington en 2024, en la que se exponían minuciosamente las amenazas a la seguridad con el señalamiento de los adversarios, y acto seguido se detallaban las grandes líneas de actuación para el futuro. Una Declaración breve solo se entiende cuando el consenso entre los 32 miembros de la Alianza es mínimo, y sobre todo porque la Administración Trump, con su presidente a la cabeza, no deja de resaltar, con actitudes muy explícitas, los intereses contrapuestos.
Defensa colectiva, pero no necesariamente armada
El primer párrafo es una reiteración, necesaria en estos tiempos de incertidumbre en la escena internacional, del compromiso de defensa colectiva contenido en el art. 5 del Tratado de Washington. Se asegura que “un ataque contra uno es un ataque contra todos”. Sin embargo, de esa afirmación no puede deducirse que la respuesta de los aliados será la misma en todos los casos. El propio art. 5 especifica que la organización “ayudará a la Parte o Partes atacadas, adoptando seguidamente, de forma individual y de acuerdo con las otras Partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada, para restablecer la seguridad en la zona del Atlántico Norte”.
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Los aliados señalan expresamente a Rusia como una amenaza a largo plazo
Esta meticulosa redacción, en un texto adoptado en 1949, se explica, sobre todo, por las cautelas del poder legislativo estadounidense para que el país no se viera arrastrado a una nueva guerra en suelo europeo. Pese a todo, se aprobó por la apremiante situación de la Guerra Fría. Por tanto, el empleo de la fuerza armada no será la única respuesta a una agresión. Queda al arbitrio de los aliados el tipo de medidas a adoptar, lo que no deja de ser importante en estos tiempos de guerra híbrida en el que los países próximos a Rusia tienen motivos sobrados para inquietarse.
El segundo párrafo contiene una novedad destacable respecto a la declaración del año pasado. Se habla de “contrarrestar la amenaza que a largo plazo representa Rusia para la seguridad y la estabilidad euroatlántica”. Rusia es señalada explícitamente, aunque no se especifican en qué consisten sus amenazas a la seguridad ni tampoco se le reprocha su comportamiento en la guerra de Ucrania. El calificativo de “amenaza a largo plazo” representa la preocupación de algunos aliados de que un día no muy lejano Moscú podría dar el paso y desafiar a la Alianza con alguna operación de carácter híbrido en los países bálticos u otros próximos a su frontera, con lo que se pondría a prueba la puesta en práctica del art. 5 sobre la defensa colectiva. Sin embargo, ha sido Trump, y no Putin, el que ha calificado recientemente de “tigre de papel” a la OTAN por no haber obtenido el apoyo de algunos de sus aliados en la guerra contra Irán. Es muy probable que ese calificativo esté también en la mente del presidente ruso.
Por lo demás, en el párrafo 5 de la Declaración se encuentra una referencia a las amenazas híbridas al citar “los ciberataques, el sabotaje, la desinformación y otras actividades hostiles por debajo del umbral del conflicto armado”. Sin embargo, se omite expresamente señalar a Rusia y China como responsables.
Otra vez con Groenlandia
Cabe añadir que, en una rueda de prensa en Ankara, Trump ha señalado que la resolución de la guerra de Ucrania “está más cerca de lo que la gente cree”, aunque nada indica que Putin haya renunciado a su propósito de anexionarse por la fuerza el Donbás, que no termina de controlar. Los rusos no han conseguido reducir el territorio ucraniano a su parte occidental y cortar su salida al Mar Negro, pero no se conformarán con menos que la completa anexión del Donbás. En cualquier caso, los reproches de Trump han sido, como de costumbre, para los aliados y su escasa participación a la defensa colectiva. No los ha habido para Putin, a pesar de que Trump, en sus declaraciones a la prensa, al abordar el interés de Estados Unidos por Groenlandia, ha dicho que la isla ártica “está rodeada por barcos rusos y chinos”. Si es así, cabe deducir que estos países son una amenaza para Washington. Con todo, la agencia Associated Press ha negado la presencia de dichos barcos.
Es muy probable que los espectaculares ataques de drones ucranianos sobre el territorio ruso hayan tenido un papel decisivo en la redacción del párrafo 4 de la Declaración, donde se afirma que “Ucrania contribuye a la seguridad trasatlántica y los aliados permanecen unidos en el inquebrantable apoyo a Ucrania en la defensa de su libertad, soberanía e integridad territorial”. Por eso, fue llamativo que en una rueda de prensa Trump anunciara el compromiso de Estados Unidos de autorizar a Ucrania a la fabricación de misiles interceptores tipo Patriot bajo licencia de Washington. El presidente se refirió a la producción en Ucrania, pero, por razones de seguridad, lo más probable es que la mayor parte de ellos se fabriquen en Alemania u otro país aliado. En cualquier caso, Trump no enviará nuevas baterías Patriot a Ucrania, pese a que la defensa antiaérea en ciudades e infraestructuras críticas es, en estos momentos, la mayor preocupación de Kiev.
Más gasto militar
El compromiso de que los aliados europeos proporcionen 70.000 millones de euros en ayuda militar, asistencia y entrenamiento a Ucrania en 2026, con el objetivo de mantener al menos un nivel equivalente en 2027, es otra de las grandes decisiones de la cumbre. No hay, por supuesto, ninguna referencia a Ucrania como futuro miembro de la OTAN, si bien Kiev ha alcanzado un logro destacado: los ucranianos ya no aparecen como meros receptores de ayuda, sino que se les reconoce como contribuyentes a la seguridad euroatlántica, dada su experiencia militar, tecnológica e industrial a lo largo de cuatro años de guerra.
Se mantiene el compromiso de elevar el gasto militar al 5% del PIB para 2035, pero es un plazo muy largo para la política, y la meta puede cambiar
Por lo demás, la Declaración de Ankara reitera los enunciados de la Declaración de la Haya de 2025. Se mantiene el objetivo para 2035 del 5% del PIB en gastos militares (3,5% para defensa estricta y un 1,5% para gastos relacionados con la seguridad). Con independencia del ruido mediático sobre los países que están aplicando o no dicho compromiso, hay que subrayar que el objetivo no es inmediato y que hay casi una década por delante para alcanzarlo. Un tiempo muy largo para la política, que es algo que siempre está sometido a incertidumbre. De ahí que en el documento se manifieste la satisfacción por el aumento del gasto europeo y canadiense, y se subraye que Europa está asumiendo una mayor responsabilidad en la defensa colectiva.
Añadamos finalmente que la celebración de la cumbre ha coincidido con nuevos ataques de Estados Unidos contra Irán y ambos países se han acusado mutuamente de violar los términos de la tregua. Sin embargo, Trump, salvo al inicio de la reunión, no ha ahondado en los reproches que dirigió a los aliados europeos por no apoyarle en su campaña militar. No se puede esperar ciertamente un apoyo explícito en una zona ajena a los límites establecidos por el tratado de la OTAN, si bien en el párrafo 5 de la Declaración se ha insertado que “Los aliados reiteran que Irán nunca debe disponer de un arma nuclear y exhortan a Irán a respetar plenamente la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz”. Una percepción común que no se materializará en un compromiso explícito.