Tecnología

Debido al potencial de la neurotecnología, juristas, científicos e intelectuales creen necesario reconocer derechos específicos que protejan de sus riesgos.
Los cribados genéticos y otras pruebas médicas “a la carta” para atajar enfermedades que quizás nunca aparezcan pueden perjudicar la salud del interesado.
Un reciente informe revisa las posibilidades y los riesgos de aplicar esta tecnología en las aulas. Y avisa: cuidado con la “pereza metacognitiva” y los “espejismos de conocimiento”.
Las principales empresas tecnológicas se lanzan al espacio para expandir sus negocios de inteligencia artificial y telecomunicaciones.
Distintas iniciativas muestran la capacidad de la IA para facilitar el proceso creativo y de edición, pero la conexión emocional con las canciones “humanas” sigue siendo mayor.
La idea transhumanista de la mente separable del cuerpo y de la pervivencia de la persona en sus contenidos mentales implica una concepción errónea del conocimiento y del funcionamiento del cerebro.
Yascha Mounk, profesor de Relaciones Internacionales, explica cómo enseña en sus clases a argumentar y a escribir, así como a usar bien las tecnologías.
La proliferación de centros o megacentros de datos para el desarrollo de la IA conspira en algunos casos contra la salud y el bienestar de las poblaciones cercanas.
Expertos examinan en un congreso organizado por la Fundación Mainel cómo la difusión de los sistemas de IA afecta a los derechos humanos.
Según este libro atribuido a un ficticio filósofo chino, actualmente el poder nos manipula no tanto por el engaño, sino haciendo que nos enredemos en una maraña de relatos.
Los buscadores y “chatbots” con IA, que elaboran sus respuestas a partir de originales ajenos, provocan un descenso del tráfico hacia las fuentes.
El aumento de casos de psicosis por el uso de “chatbots” está abriendo otro debate en el ámbito de la IA, pero este fenómeno no solo tiene causas tecnológicas, sino también sociales.
Distintos estudios advierten que la IA puede suplantar a los trabajadores noveles, perjudicar el aprendizaje en la escuela y hundir la audiencia de los medios digitales.
El costoso protocolo pseudorreligioso creado por un multimillonario de EE.UU. para prolongar la vida humana (la suya) no resuelve el problema de la falta de trascendencia.
Frente tanto al rechazo como al entusiasmo acríticos, la inteligencia artificial no se nos impone de manera inexorable, ni escapa a todo control ético o político.
A raíz de la polémica por su prohibición parcial en Madrid, rescatamos algunos artículos que pueden ofrecer contexto, profundidad y rigor a la discusión.
Con sensatez y el equilibrio, el autor aboga por un desarrollo de la técnica que sea humanizador, es decir, que parta de los principios del humanismo occidental.
Los más recientes avances tecnológicos en el campo de las neurociencias pueden abrir horizontes muy positivos en materia de salud (aunque también abocar a varios peligros).
Los chatbots de inteligencia artificial carecen de experiencias humanas reales, por lo que conviene no personificarlos ni dar automáticamente por buenas todas sus sugerencias.
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