Una psicóloga trans, alarmada por las negligencias en las “terapias afirmativas”

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Duración lectura: 2m. 19s.
Una psicóloga trans, alarmada por las negligencias en las “terapias afirmativas”

Hace unas semanas, la subsecretaria de Sanidad de Estados Unidos declaró que en la cuestión de los tratamientos para la transición de género no había “nada de lo que preocuparse”. Erica Anderson, psicóloga clínica con amplia experiencia en este tipo de terapias y ella misma trans (de sexo biológico masculino pero autoidentificada como mujer), considera que eso “simplemente no es cierto”. Existe un problema, y negarlo solo perjudica a los pacientes.

Anderson defiende las llamadas terapias afirmativas y se ha distinguido como activista trans. Condena, por supuesto, el hostigamiento que ha sufrido este colectivo, pero explica que “esto no puede hacernos renunciar a la investigación científica y a plantearnos cuál es la mejor manera de tratar a los menores con problemas de género”.

En concreto, señala que se están produciendo negligencias en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes. A su consulta, relata, cada vez llegan más padres preocupados porque a sus hijos o hijas no se les está evaluando individualmente, tal y como prevén los protocolos, sino que de forma automática se les recomienda empezar con los tratamientos de transición.

Esto es especialmente problemático –comenta Anderson– en la medida en que muchos jóvenes actualmente arrastran factores psicológicos especiales, que deberían ser tenidos en cuenta: el confinamiento y su impacto en las relaciones personales, el abuso de las redes sociales, o el influjo que ejercen en ellos algunas personas que, sin la preparación profesional adecuada, han hecho del cambio de género un negocio.

Frente a los que consideran que el examen personal de cada paciente puede utilizarse como una forma de “patologización” de la disforia de género por parte de mentalidades conservadoras, Anderson explica que “la revisión cuidadosa de los problemas concurrentes o incluso preexistentes no priva a esas personas de atención, sino que la adapta e individualiza, lo que siempre es positivo”.

Si no se siguen estas buenas prácticas, se corre el riesgo de prescribir precipitadamente tratamientos que “a pesar de lo que digan los defensores más acérrimos de las terapias afirmativas, no siempre son completamente reversibles”. El creciente número de de-transitioners, transexuales arrepentidos de haberse sometido a estas terapias, “confirma la necesidad de que cada paciente joven reciba una evaluación personalizada”.

Anderson explica que ha sufrido la crítica del lobby trans por defender estas posturas, y reconoce que “hay muchos en la comunidad médica que tienen miedo de hablar por temor a la reprobación de esta comunidad”. No obstante, señala, el tema es de tal calado que “tenemos que hacer una pausa y tratar de comprendernos. Todos debemos estar atentos a nuestras limitaciones y posibles prejuicios”.

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