Calibrar hasta qué punto el reparto de funciones entre hombres y mujeres está basado sobre todo en la biología o en la cultura ha sido un debate clásico en el movimiento feminista. Con este fin, se ha acuñado la distinción entre sexo y género. Pero las connotaciones de esta distinción van más allá de la lingüística. Hasta el punto que el término inglés gender se ha convertido en uno de los caballos de batalla de la Conferencia Mundial sobre la Mujer en Pekín.
Las estrategias de desarrollo basadas en intervenciones del Estado a gran escala han demostrado tener muchas limitaciones y con frecuencia han sido fuente de despilfarro. Esta decepción ha llevado a interesarse por un sector hasta hace poco ignorado en la ayuda al desarrollo: las llamadas "micro-empresas" que proliferan en el sector informal de esas economías. Además, estas iniciativas sirven especialmente para proporcionar un ingreso a mujeres que, por su escasa formación o sus obligaciones familiares, no podrían acceder a un empleo en el sector productivo.