La pobreza se feminiza

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Duración lectura: 8m. 34s.

La Conferencia de Pekín hará balance de una década de estrategias para la promoción de la mujer
El avance experimentado por los países en desarrollo en las últimas décadas ha contribuido a mejorar la condición de la mujer. Sin embargo, todavía una de cada cinco personas de la tierra se encuentra por debajo del umbral de pobreza (370 dólares USA) y las mujeres son las más expuestas a este riesgo. Por eso, la cuestión de la pobreza femenina concentrará parte de los debates de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer que se celebrará en Pekín, el próximo mes de septiembre.

Sin duda, la mujer se ha beneficiado de la mejora de las condiciones de vida que han experimentado no sólo los países ricos, sino también la mayor parte de los países en vías de desarrollo en el último cuarto de siglo. Así lo refleja el informe sobre Los indicadores sociales del desarrollo, publicado por el Banco Mundial el año pasado. La mayor parte de la pobreza está concentrada en 55 países que suman una población de 3.200 millones. Pero también en estos países la esperanza de vida ha pasado de 53 años en 1970 a 62 actualmente, índice en el que las mujeres aventajan a los hombres. La mortalidad infantil ha bajado de 110 a 73 por cada mil nacidos. El promedio diario de calorías ingeridas ha aumentado. La tasa de albafetización de adultos y la de escolarización de niños siguen creciendo, también en el caso de las mujeres.

Pobres en países ricos

Dentro de este general avance, el documento que servirá de base para la discusión de Pekín destaca otra faceta del problema. Al analizar los resultados de las estrategias para conseguir el adelanto de la mujer, pactadas en la conferencia anterior en Nairobi justo hace diez años, asegura que “la pobreza está feminizándose a un ritmo acelerado”.

La tendencia, que se viene detectando desde mediados de la década de los ochenta, se manifiesta al comprobar la creciente proporción de mujeres pobres y el progresivo aumento de hogares en los que ella es cabeza de familia. Así, a finales de los años ochenta, un 75 por ciento de toda la pobreza de Estados Unidos afectaba a mujeres, especialmente a madres solteras.

En los países desarrollados, como es el caso de Estados Unidos, la pobreza femenina afecta sobre todo a mujeres que, para sacar adelante a sus hijos, cuentan sólo con trabajos a tiempo parcial o empleos temporales, generalmente mal remunerados. Otro factor que incide en la feminización de la pobreza es el efecto conjunto del crecimiento de los hogares monoparentales encabezados por mujeres y del descenso de las transferencias sociales.

Sin embargo, el fenómeno del empobrecimiento de la mujer varía en función del grado de desarrollo. En los países en proceso de desarrollo, donde la pobreza afecta a toda la población, las caracerísticas se delimitan por la intensidad con que esta situación afecta a las mujeres. En la penuria femenina inciden además factores propios de este tipo de economías, como “el escaso grado control que las mujeres ejercen sobre sus ingresos; las consecuencias de la tecnología sobre la mano de obra asalariada femenina y la persistente falta de acceso a los factores de producción” (capital y otros recursos), según señala el documento.

En hogares a cargo de la madre

Pero no siempre los hogares encabezados por mujeres son pobres, ya que entran en juego las circunstancias de los miembros adultos y el número de personas dependientes de la unidad familiar. Otro elemento diferenciador es el nivel de formación de las personas que componen el hogar. En cualquier caso, sí parece haber acuerdo sobre el hecho de que los hogares más propicios a la pobreza son los constituidos por la madre y los hijos. El aumento de este modelo familiar se ofrece como un indicador más claro aún de la tendencia a la feminización de la pobreza. Aunque no presentan el mismo origen, la viudedad y los hogares monoparentales, dirigidos por madres, como consecuencia del abandono del marido o de la llegada de hijos al margen del matrimonio, también resultan paradigmáticos.

En todas estas situaciones de pobreza, la falta de recursos queda paliada, aunque sólo sea en parte, por la capacidad de gestión de las mujeres. Mencher y Okongwu, en un reciente trabajo de investigación que lleva por título ¿A dónde fueron todos los hombres?, defienden que las condiciones de salud, nutrición y educación de los hijos en hogares encabezados por mujeres superan a las de los hogares encabezados por hombres, aunque el nivel de ingresos sea menor.

Incidencia de la emigración

A pesar de que el documento discutido por la ONU reconoce las dificultades para aportar datos fiables en la medición del proceso de feminización de la pobreza, un análisis cualitativo de la realidad social permite extraer consecuencias sobre los grupos más afectados por esta tendencia. Un grupo social marcado de lleno por el fenómeno es el de las ancianas: en este caso, las escasas pensiones de jubilación o la ausencia de éstas -en muchos de los países en vías de desarrollo- son cada vez más difíciles de complementar con el apoyo que tradicionalmente se prestaba a estas personas desde el resto de familia, como consecuencia del proceso de urbanización y de dispersión familiar.

De ahí que, entre los retos básicos de igualdad hombre-mujer planteados por la IV Conferencia Mundial para la Mujer para el año 2000, se encuentre el de “asegurar servicios adecuados de bienestar social” para todas las mujeres; capítulo en el que se incluyen la seguridad social, las pensiones y las prestaciones por desempleo.

Otro factor que puede contribuir a la reflexión sobre la desigualdad económica que afecta a las mujeres es el efecto que se deriva de los divorcios y las separaciones. Además de las consecuencias personales del deterioro del matrimonio, el documento de Naciones Unidas afirma que las mujeres sufren una disminución del 50 por ciento de sus ingresos, reducción que en el caso de los hombres sólo alcanza el 25 por ciento.

También los fenómenos migratorios obligan a muchas mujeres a asumir el papel protagonista en el sostenimiento de la familia.

La amplitud de este fenómeno se refleja en el informe elaborado por la Fundación para la Promoción Social de la Cultura (PSC), Las mujeres del Magreb: disparidad de género y perspectivas de integración”, a partir del análisis de la situación laboral y cultural de Argelia, Túnez y Marruecos. El informe concluye que, a pesar de la fuerte presión en contra de la emancipación social y laboral femenina, una de cada cuatro mujeres asume el papel de cabeza de familia como consecuencia de la emigración del marido. En estos casos, “las mujeres se transforman inmediatamente en agentes económicos”, señala el documento, y se ven obligadas a aceptar trabajos fuera del hogar para poder completar los ingresos que reciben del extranjero, o para sustituirlos cuando no se les envía nada.

Estrategias de lucha contra la pobreza

Las medidas para combatir la feminización de la pobreza requieren, en primer lugar, conocer bien las dimensiones del fenómeno. De ahí que las estrategias elaboradas cara a la Conferencia Mundial de Pekín planteen la necesidad de elaborar estadísticas que reflejen la pobreza, con desagregación de los datos por sexo. En la misma línea, la inclusión del trabajo femenino con y sin remuneración en la cuentas nacionales y en las estadísticas económicas también puede proporcionar formulaciones interesantes sobre el acceso relativo de las mujeres a los recursos y a los servicios sociales.

Otros presupuestos para frenar el proceso, sobre los que ya existe un amplio acuerdo, se refieren a la eliminación de las desventajas salariales por sexos en trabajos comparables y al desarrollo de servicios dirigidos a reducir o facilitar el trabajo doméstico. Sin embargo, la tarea más urgente se centra en el establecimiento de programas de capacitación laboral para mujeres y en la puesta en marcha de ambiciosos planes de alfabetización y mejora de las enseñanzas primaria y secundaria, comenzando por países en los que la pobreza es extrema.

Pero la progresiva integración social y laboral de la mujer y la lucha contra la pobreza que Naciones Unidas plantea, no se encuentra exenta de riesgos. El informe de la Fundación PSC recomienda el máximo respeto a la cultura árabe -la propia del ámbito de su investigación- al abordar proyectos de desarrollo y capacitación para las mujeres. “En el mundo árabe, los proyectos dirigidos únicamente a las mujeres corren el riesgo de producir un efecto no deseado: el reforzamiento de la segregación, la vuelta al harén”, advierte el texto.

Consejo que resulta válido también para otros ámbitos culturales. Pues, como ha señalado el informe del Vaticano para la Conferencia de Pekín, no hay que concebir los planes pensando sólo en los países desarrollados. Las mujeres que padecen las peores condiciones siguen encontrándose en los países en vías de desarrollo por lo que deben primar sus auténticos intereses.

El informe de Naciones Unidas también puntualiza que, en estos años de aplicación de las estrategias acordadas en la anterior Conferencia Mundial sobre la Mujer, se observan factores positivos junto a la persistente desventaja de las mujeres en el acceso al mercado laboral o a la educación. Los principales análisis sobre la pobreza femenina destacan “el ingenio, la iniciativa y el espíritu empresarial con los que las mujeres enfrentan la situación económica adversa”. Sin escatimar los medios necesarios, cualquier programa de erradicación de la pobreza femenina deberá incorporar entre sus presupuestos el reconocimiento de estas posibilidades.

M. Ángeles Burguera

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