Retrato de un hombre inmaduro

Tusquets. Barcelona (2009). 240 págs. 17 €.

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Luis Landero (1948) acertó de lleno con Juegos de la edad tardía (1989), una novela llena de sorpresas narrativas, con una trama cervantina y unos personajes que de alguna manera representaban los sueños y los anhelos de aquellos que llevan una vida gris y anodina y desean saltarse las reglas de juego. La fórmula dio resultado y convirtió a Landero en uno de los escritores más prometedores de su generación. Después, su trayectoria ha sido desigual, con novelas que han intentado repetir la fórmula de la primera pero que se han quedado a mitad de camino, bien por falta de sustancia, bien por unos argumentos excesivamente leves. Es lo que le ha pasado en Caballeros de fortuna, El mágico aprendiz, El guitarrista y Hoy, Júpiter.

En su haber hay que destacar que Landero tiene un atrayente manejo del idioma y una original facilidad para construir personajes dotados de una especial locura o singularidad, lo que los hace más humanos (y muy literarios). Sin embargo, los argumentos de sus novelas son inconsistentes, lo que, salvo aciertos puntuales y buenos momentos, afecta al conjunto de la novela.

En Retrato de un hombre inmaduro son más evidentes la sombras que las luces, pues se aprecia una cansina insistencia en temas y personajes, como si Landero estuviese preso en un mundo narrativo en el que él se encuentra muy a gusto pero que, literariamente, resulta reiterativo. Un hombre anciano, al borde de la muerte, recuerda a una desconocida interlocutora, los hechos más significativos de una vida con poca sustancia donde lo que brilla son algunas anécdotas y esa galería de personajes secundarios, estrafalarios y al borde de la locura, que suelen aparecer en las novelas de Landero. En esta ocasión, las anécdotas son tan exageradas y los personajes tan disparatados, que la novela suena a inverosímil, algo que siempre ha evitado Landero. Ya en Hoy, Júpiter se pudo apreciar un peligroso agotamiento de la fórmula; en esta nueva novela, la sensación es todavía peor.

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