El mágico aprendiz

Tusquets. Barcelona (1999). 408 págs. 2.600 ptas.

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Después de Juegos de la edad tardía (ver servicio 79/90), una de las mejores novelas españolas de la década, y de Caballeros de fortuna (ver servicio 31/94), que fue recibida con frialdad, Luis Landero (1948) insiste con El mágico aprendiz en su quijotesca y esperpéntica concepción de la novela.

El protagonista, Matías Moro, lleva una vida bastante monótona. Oficinista en una asesoría, sus 48 años se resumen en una existencia metódica en la que todo es fruto de la rutina. Agnóstico, apolítico, solitario, sin compromisos, más bien superficial, poco dado a los gestos excepcionales, nada perturba un ánimo tranquilo, acostumbrado a las menudencias de la vida y a su insignificancia.

Una noche, se hace pasar por periodista para enterarse de lo que había sucedido en un inmueble cercano a su casa, donde se había cometido un asesinato. Una cadena de casualidades harán que Matías Moro se sienta ligado al destino de los inquilinos de un edificio que alberga inmigrantes, gente desamparada y a la deriva… todos acuciados por la necesidad. El personaje que más le impresiona es Martina, la hija del autor del crimen, una joven que despierta en Matías una cascada de nobles sentimientos.

“Y entonces todo empezó a transcurrir con la lógica desatinada de los sueños”. Matías siente que debe hacer algo para llamar la atención de Martina, de la que ya está perdidamente enamorado, y también pensando en el futuro de unos inquilinos condenados a la miseria. Un día, lee en un periódico que se vende una empresa de cartonajes en las afueras de Madrid, y Matías estudia la posibilidad de invertir sus ahorros en esa fábrica, en la que trabajarían Martina y sus vecinos y que con el paso del tiempo debería transformarse en una cooperativa. Sin embargo, al contrario de lo que él pensaba, sus compañeros de oficina se sienten fascinados por su proyecto, en especial Pacheco y Martínez, dos personajes inolvidables, que pasan a formar parte también ellos de lo que ya intuyen será una magnífica aventura moral.

Matías Moro se ve así envuelto en “vicisitudes que no sabía si atribuir a la fatalidad o a su propio albedrío”. El posterior desarrollo de la empresa da argumentos a Landero para trazar un retrato irónico y mordaz del mundo laboral, dominado por las modernas técnicas del marketing y la publicidad. Todo se mantiene en pie por el enfermizo y silencioso amor que siente por Martina, el principal móvil de una historia que transcurre, en el plano sentimental, en el territorio de la fantasía, mientras que el componente sexual está presente en detalles muy aislados.

Todo en esta novela es deliberadamente exagerado. Pero esto forma parte de las reglas del juego de las novelas de Landero, en las que la realidad es el recipiente para trabajar con lo inverosímil, aunque en algunos momentos no vendría nada mal un poco más de contención. De manera progresiva, Landero introduce a Matías Moro y al lector en un mundo desorbitado pero coherente formado por personajes reales muy próximos a la locura, por lo menos en alguna de sus facetas. En ese aspecto es donde más brilla la exigente literatura de Landero, siempre atenta a crear personajes intrascendentes -tanto los protagonistas como los secundarios- que dejen huella y buenos detalles de humor.

Por su estructura, estilo y tratamiento narrativo, El mágico aprendiz es, además, una novela inclasificable en el panorama literario español. Landero recupera los valores de la buena literatura.

Adolfo Torrecilla