Sueño de invierno

TÍTULO ORIGINAL Kış Uykusu

PRODUCCIÓN Turquía - 2014

DURACIÓN 196 min.

DIRECCIÓN

GÉNEROS

PÚBLICOJóvenes-adultos

CLASIFICACIÓNViolencia

ESTRENO10/10/2014

Una película de resonancias shakespereanas, por la que Nuri Bilge Ceylan recibió la Palma de Oro en Cannes. A lo largo de más de tres horas de metraje, y en un remoto pueblecito de montaña en Anatolia, seguimos a Aydin, actor de teatro retirado, dueño de un hotelito, de cuya gestión se ocupa poco; él está más centrado en su ego y en sus cultos artículos de prensa cuya influencia e interés resultan más que dudosos. Junto a él tenemos a su esposa Nihal, más joven y entregada a obras de caridad, un modo de paliar el hecho de que el amor entre ambos se ha agostado. Y a su hermana Necla, recientemente divorciada, y quien mejor tiene calado a Aydin. Sobre la insensibilidad de Aydin resulta elocuente que no se entere de la humillación sufrida por una familia a la que tiene arrendada una casa.

El cineasta turco ofrece un mapa de la naturaleza humana y sus miserias, que afloran en forma de resentimiento cuando la actitud del otro resulta incómoda o desagradable. Al igual que las casas excavadas en la singular orografía del lugar, Ceylan nos invita a meternos en los recovecos más oscuros de sus personajes, con medidos diálogos y miradas. Ninguno es un villano al uso, pero el director se las arregla para mostrar cómo en el actuar personal pueden convivir las dobles o las triples intenciones, el deseo de quedar bien y tranquilizar la conciencia, los celos, el miedo, la adulación, el deseo de herir, la constatación de lo solos que podemos estar en el mundo. Los actores están perfectos, y a Haluk Bilginer le va como anillo al dedo su petulante personaje, siempre mirando a los demás por encima del hombro.

Cada secuencia, cada plano, cada encuadre, es un milagro. Nuri Bilge Ceylan –de nuevo con la ayuda de su director de fotografía Gökhan Tiryaki– no ha mirado el reloj para hacer su larga película, pero no nos importa. Porque el viaje que nos propone a unos corazones gélidos como el invierno que está ya arrancando, y que trae las primeras nieves, resulta sencillamente apasionante, y porque al final adivinamos que el calor de una llama ardiendo continúa aleteando en unos y en otros. Solo hace falta amar. Tan fácil y tan difícil.

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