Sleepy Hollow

Director: Tim Burton. Guión: Andrew Kevin Walker. Intérpretes: Johnny Depp, Christina Ricci, Miranda Richardson, Michael Gambon, Casper Van Dien. 111 min. Jóvenes.

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Al universo burtoniano, de tipos estrambóticos y más o menos entrañables, se suma el jinete sin cabeza de La leyenda de Sleepy Hollow, el célebre cuento de Washington Irving. Y sin embargo… quizá este film, que de tantos elementos dispone para ser asumido por su director, es uno de los que en menos se advierte su arrolladora personalidad. ¿Se ha sentido Tim Burton envarado por un texto que forma parte del folclore estadounidense? Pues aunque la adaptación es bastante libre -más fiel a Irving resulta el mediometraje animado de Disney-, se advierte algo de arritmia narrativa, sobre todo en el arranque; lo que es más llamativo aún comparado con el trepidante final, de suma brillantez. La presentación de Ichabod Crane como un investigador escandalizado con los primitivos métodos policiales de 1820, el encargo de resolver los crímenes cometidos en la aldea de Sleepy Hollow, la presentación de los próceres de la villa o las primeras indagaciones de Crane son pasajes que se toman demasiado tiempo.

En todo caso, vale la pena esperar, pues al fin se plantea uno de los conflictos más interesantes del film: Ichabod se debate entre el racionalismo a ultranza al que se apuntó tras un trauma infantil, y la fe necesaria para encarar el caso que le ocupa. El guión de Andrew Kevin Walker, que trató un tema semejante en Seven, sabe preparar la cuestión, sin sacar desde el principio los ases que guarda en la manga. Johnny Depp sabe encarnar el conflicto apuntado, y a la vez dota a su personaje de matices. Lo exagera cuando es necesario -véanse las autopsias con instrumentos de su invención-, muestra su determinación y, al tiempo, su fragilidad; su carácter frío en apariencia, y su ternura; su apego a la razón y su creciente espíritu romántico. Todo el reparto resulta muy ajustado, pero Depp es, sin duda, la estrella.

Donde se advierte mejor la mano de Burton es en la fascinante imaginería del film. Rodeado de un equipo envidiable, Burton usa una paleta de colores y unos elementos visuales y sonoros que retrotraen a las viejas películas de terror de la Hammer, y que conforman una atmósfera de ensueño. Las nieblas perpetuas, los bosques amenazadores con árboles de ramas retorcidas, las lápidas del cementerio, la subyugante imagen del jinete decapitado, son piezas clave del romanticismo de la historia. Y es que dentro de esa cabeza llena de patitos feos, que responde al nombre de Tim, se esconde un artista romántico, lleno de sensibilidad. Lo demuestra también al dar un pequeño papel a Christopher Lee, rostro emblemático de las películas fantásticas de la Hammer.

José María Aresté

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