Toy Story 2

Codirectores: Lee Unkrich y Ash Brannon. Guión: Andrew Stanton, Rita Hsiao, Doug Chamberlin y Chris Webb. Dibujos animados. 92 min. Todos.

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Tras los éxitos inapelables de sus cortos y de los largometrajes Toy Story y Bichos, John Lasseter -líder de la animación digital en 3D- arrasa ahora en taquilla con Toy Story 2, que acaba de ganar el Globo de Oro a la mejor película de comedia o musical, lo que puede abrirle las puertas a algún Oscar de entidad.

La trama es similar a la de la primera parte, pero con nuevos matices. La cosa es que Woody, el sheriff de trapo, como nunca ha perdido su sombrero, se ha convertido en un juguete valioso. Tanto, que lo roba el mugriento y avaricioso dueño de una juguetería, en cuya trastienda trafica con juguetes antiguos. Su intención es vender a Woody a un museo japonés, junto con los otros tres muñecos -su caballo Perdigón, el hosco capataz Oloroso y la dinámica vaquera Jessie- que componían el juego completo de El rodeo de Woody: un juego tan popular en los años 50, que llegó a protagonizar una serie televisiva.

Un comando de los viejos compañeros de Woody, con Buzz Lightyear al mando, atravesará la peligrosa ciudad para salvarlo. Pero cuando por fin lo encuentran, resulta que a Woody se le ha subido a la cabeza eso de ser un juguete tan famoso y apreciado. Además, se ha encariñado de sus nuevos amigos.

La crisis de identidad, el sentido del propio trabajo y la amistad hasta el heroísmo -completados esta vez con un lúcido alegato contra el materialismo economicista y el efímero espejismo de la fama- vuelven a ser los ejes del imaginativo guión, de ritmo endiablado, con numerosos guiños cinéfilos y con una galería de personajes a cual mejor perfilado y todos ellos con un desbordante calor humano. Hasta el hilarante cameo de las muñecas Barbie acaba con una lúcida reflexión sobre lo costoso que es pasarse la vida sonriendo a la gente.

Siempre al servicio del chispeante guión, la puesta en escena aplica con esmero las más modernas técnicas de animación digital, que permiten un tratamiento mucho más real de las texturas, los fondos y los personajes humanos. A través de esta limpia resolución, y de una planificación alucinante, el film logra un cóctel irresistible de acción, aventuras urbanas, humor inteligente, romance y sentimientos profundos. Todo ello, aderezado por la vibrante banda sonora de Randy Newman, a la que solo cabe reprochar un numerito musical un tanto insulso.

Queda así un film con tantos niveles de lectura que permite el entusiasmo de públicos de toda edad, y que reafirma a Lasseter como el Walt Disney de esta nueva edad de oro del cine de animación.

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