Sin vergüenza

Director: Joaquín Oristrell. Guión: Joaquín Oristrell, Dominic Morari y Teresa Pelegri. Intérpretes: Verónica Forqué, Daniel Giménez Cacho, Marta Etura, Candela Peña, Rosa María Sardá, Jorge Sanz, Dominic Harari. 116 min. Adultos.

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Joaquín Oristrell, guionista de las obras más famosas de Mariano Barroso y Manuel Gómez Pereira, dirige su tercer y mejor largometraje después de las mediocres Novios y De qué se ríen las mujeres. Aunque se mueve, como siempre, en el terreno de la comedia hispánica, Oristrell hace aquí guiños al drama y al melodrama, consiguiendo algunas escenas y varios diálogos muy brillantes.

El guión cuenta cómo Isabel (Verónica Forqué), que es profesora de interpretación, recibe un guión basado en un romance que ella misma vivió veinte años atrás con un director de cine, Mario Fabra, que es a la vez el autor de ese guión. Mario está decidido a llevar la historia a la gran pantalla y, para resolver sus viejas rencillas con Isabel, busca en su escuela de interpretación caras nuevas para el film. El casting moviliza a todos los estudiantes, que prepararán sin descanso varias actuaciones clásicas (Molière, Zorrilla, Shakespeare…) con la esperanza de que Fabra se fije en ellos.

Con esta espoleta argumental, Oristrell trata de diseccionar el mundo actual de los jóvenes actores, un mundo frágil e inestable, lleno a veces de narcisismo y exhibicionismo. “Siento, luego existo”, sentencia uno de los personajes. Y es que esa es una de las claves para entender el comportamiento de los personajes. Afirma el cineasta: “Sentido y sentimiento tienen la misma raíz etimológica. Significa viaje. Esta película es eso: un viaje”. En realidad, para Oristrell solo tiene valor lo que uno “siente”. Esta motivación genera algunos de los momentos más chocantes de la película, como cuando una joven alumna de la escuela realiza delante de su destrozado padre una escena romántica y sensual completamente desnuda, o la desmedida secuencia en la que una discusión entre los actores acaba con sillas, mesas, cortinas y cristales.

Por lo demás, la película refleja con humor el complejo entramado de envidias, celos, adulaciones… que rodea la lucha de los más de 4.500 actores que hay en España por obtener un trabajo. Y aunque no faltan tópicos en torno al sexo, la homosexualidad, la religión…, también abundan los diálogos memorables, las alusiones inteligentes al cine español actual, y sorprenden unas interpretaciones de regalo. En el fondo, es el eterno viaje de unos personajes -todos nosotros- en busca de autor.

Juan Orellana