Un grupo de turistas absolutamente dispares viajan a Lisboa. La agencia que ha organizado el viaje parece que promete mucho más de lo que da. Después de algunos contratiempos terminan en un tétrico hotel. Al día siguiente, uno de los turistas del grupo aparece muerto. Todos son sospechosos y cuatro, además de sospechosos, se convierten en detectives.
Carlos Vila (Los misterios de Laura) es el creador de esta serie de detectives que bebe directamente de los relatos de Agatha Christie: un crimen, un investigador -aquí son cuatro-, un entorno exótico (Lisboa luce mucho) y una gymkana de pistas.
Estamos ante una serie muy clásica. La intriga se dosifica bien, cada capítulo -son 7 de cuarenta minutos- termina en clímax, y los personajes van desvelándose a medida que avanza la trama. El cuarteto protagonista funciona muy bien -están sabiamente diseñados para que sean absolutamente diferentes y se complementen- y los secundarios no desentonan.
Es cierto que no hay nada especialmente sobresaliente, pero tampoco nada que chirríe. Está bien rodada, correctamente escrita y bien interpretada. Es una buena serie para pasar el rato y para que disfrute el público que lo hace, por ejemplo, con Puñales por la espalda. No cambiará la historia de la televisión, o de las plataformas, pero te puede resolver el entretenimiento de un fin de semana. Que no es poca cosa.