Respiro

Director: Emanuele Crialese. Guión: Emanuele Crialese. Intérpretes: Valeria Golino, Vincenzo Amato, Francesco Casisa, Veronica D’Agostino, Filiippo Pucillo, Ema Loffredo, Elio Germano. 90 min. Adultos.

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Formado en Estados Unidos, el romano Emanuele Crialase debutó hace años con Once We Were Strangers, que compitió en el Festival de Sundance. Pero su lanzamiento internacional se produjo en 2002, cuando su siguiente película, Respiro, ganó en el Festival de Cannes el Gran Premio de la Semana de la Crítica y el Premio del Público. Se trata de una melodramática fábula neorrealista, estéticamente cercana a Stromboli, de Roberto Rossellini, y a La terra trema, de Luchino Visconti, pero también aderezada con ciertas referencias trágicas al cine de Ingmar Bergman.

La acción se desarrolla en un pueblo de pescadores de la isla siciliana de Lampedusa, un lugar de abrupta belleza y como anclado en el tiempo. Los lugareños viven inquietos por dos cosas: los perros vagabundos y el extraño comportamiento de Grazia, joven y vitalista esposa de un pescador del lugar y madre de dos niños y una preadolescente. Harto de sus extravagancias y escándalos, el sufrido marido de Grazia decide enviarla a un psiquiatra de Milán. Pero antes de que pueda hacerlo, la mujer se esconde con la ayuda de su hijo mayor, Pasquale, un chaval trabajador, inteligente y muy sensible hacia la singular personalidad de su madre.

Crialase ofrece una sólida puesta en escena, de desarrollo algo pesado, pero sugerente. Se aprecia que el guión se basa en una leyenda local, pero nunca renuncia al fuerte costumbrismo neorrealista. Esta misma opción facilita el lucimiento de los actores, la mayoría no profesionales. Destaca Valeria Golino, cuya esforzada caracterización mantiene al personaje de Grazia en el sugestivo claroscuro entre la lucidez y la locura. Pero quizá las presencias más fuertes de la película son las de los numerosos niños, encabezados por un Francesco Casisa siempre estremecedor y un Filippo Pucillo exuberante en su expansiva simpatía.

Crialase oxigena la tragedia con certeros contrapuntos de humor, trata con cariño a sus personajes, elogia la unidad familiar y el respeto a la diferencia, y muestra sin ironías la ruda religiosidad de las gentes de Lampedusa. Además, no sucumbe al irritante fatalismo nihilista de otras películas mediterráneas. Sin embargo, su mirada está impregnada de una tristeza decadente y hedonista, que afecta en exceso a la relación de Grazia con su marido y sobre todo con su hijo Pasquale, que además parece sufrir un cierto complejo de Edipo. Todo esto enrarece el tono del film e introduce una sensualidad a veces demasiado morbosa.

Jerónimo José Martín