Rapa Nui

Director: Kevin Reynolds. Intérpretes: Jason Scott Lee, Esai Morales, Sandrine Holt.

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Muy difícil era la empresa que se propuso Kevin Reynolds (Robin Hood, príncipe de los ladrones): rodar una historia que transcurriera en la isla de Pascua antes de su descubrimiento. Había que pensar una trama con garra, en un ambiente tribal, que ofrecía pocas referencias capaces de atraer al espectador. Dudo que el film atraiga, o que se recupere lo invertido, que debe de ser mucho.

Reynolds y Tim Rose Price han tratado de escribir un guión que interese al espectador occidental. Contaban con las gigantescas y misteriosas estatuas que cautivan por el enigma que encierran. ¿Qué más se podía hacer en un lugar sin historia conocida? Pues pocas cosas. Es preciso idear una relación amorosa a lo Romeo y Julieta, en la que Noro y Ramana han de superar la dificultad de pertenecer a dos tribus rivales: los orejas largas, la clase dominante, y los orejas cortas, obreros manuales explotados. También hay una arriesgada prueba cuyo ganador ejercerá el dominio espiritual de la isla hasta el año siguiente. Y el interés de algún soñador aislado por averiguar qué hay más allá de la isla que conocen.

Como producción -participa Kevin Costner-, Rapa Nui está cuidadísima. La fotografía es espectacular; la música tipo New Age, atractiva; las estatuas, impresionantes. La secuencia de la prueba tiene su emoción, si se exceptúa su torpe modo de concluir. Pero la historia resulta ajena, no involucra. Un naturalismo mal entendido lleva a mostrar con agotadora insistencia la desnudez de los isleños. Quizá no sorprenda el ecologismo del film, pero sí lo hace su marcado pesimismo: esta vez no se muestra una visión idílica de la vida de las tribus, como en Bailando con lobos, sino unos personajes violentos y destructivos. La pareja enamorada es la única capaz de aportar algo de esperanza.

José María Aresté