Cuarto largometraje de este director “independiente” (treinta y cinco años), del que, debido al éxito de su segundo y tercer film -Trust y Simple Men-, se ha estrenado mundialmente su primer trabajo, La increíble verdad (ver servicio 79/94).
Tal vez sea buena señal que resulte difícil hablar de Amateur. Cierto que es sorprendente que esta película trate de una ex monja que se dedica a escribir relatos pornográficos, de un gangster explotador y cruel que pierde la memoria y encuentra el amor, de una star de cine porno que quiere rehacer su vida, de otro loco gangster que enloquece aún más…, y también de una policía que sufre por los delincuentes; pero una de las cosas aún más sorprendentes es, por ejemplo, que no haya en ella nada moralmente censurable, al contrario.
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No es posible hablar del argumento, pues todo es muy loco, pero humanamente coherente: son personas las que hablan de sí mismas y de los demás, y lo hacen con una perfección insólita: los diálogos son ejemplares. Y son personas las que viven una historia de amor, sexo y dinero. Un rarísimo ensamblaje armonioso de disparate y seriedad, de humor y dramatismo, de risa y lágrimas.
Es cada vez más comprobado -y así lo repiten los grandes genios del arte- que la sinceridad creadora es condición imprescindible; más que condición, causa. Hal Hartley es sincero y tiene verdades que decir; y sabe mirar la vida y sabe también hacer arte con lo visto y asumido. Hay en él una más amplia perspectiva, un ir más lejos -demostradas sus cualidades artísticas de director y guionista-, desde un aliento o latido cristiano, por no decir católico.
Amateur está hecha con muy pocos medios, y se nota, pero no importa. Los actores, empezando por Isabelle Huppert (la ex monja francesa), han creído en la historia y en sus papeles, y consiguen ese difícil equilibrio entre la locura y la genialidad. El encargado de fotografía también, y todos.
Es una lenta película de acción, es como si un tartamudo avisara de un inminente incendio, es una película de suspense y de tiros, que se burla del suspense y de los tiros, mientras habla en serio de otra cosa, de un modo peculiar, nuevo, original y, ciertamente, minoritario. Esa otra cosa es -está dicho antes- el valor del amor, el sentido del sexo y el lugar del dinero.
Pedro Antonio Urbina