Quiéreme

Guión: Beda Docampo Feijóo. Intérpretes: Darío Grandinetti, Ariadna Gil, Cristina Valdivielso, Juan Echanove, Carlos Hipólito. 95 min. Jóvenes-adultos. (SD)

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Pancho (Darío Grandinetti), cocinero cincuentón, de aspecto y conducta juveniles, está rehaciendo su vida en Argentina. Su novia, Rita, le ha puesto un restaurante de lujo y un formidable apartamento, con dinero de su padre. Pero una mañana una niña española de siete años desembarca en su casa. “¿Es tu hija?”, pregunta Rita. “Es la hija de mi hija”. La vida de Pancho dará un giro dramático. En compañía de su nieta volverá a España para enfrentarse con un pasado que había decidido olvidar.

Beda Docampo Feijóo, director gallego, criado en Argentina, ya tiene mucho oficio a sus espaldas, aunque todavía no ha llegado al gran público en España. Tal vez esta sea la ocasión para remediarlo. Quiéreme es una película sencilla, llena de buenas intenciones, dirigida a agradar. No es una cinta original: la historia de un adulto egoísta que cambia al conocer a un niño ha sido contada cientos de veces; y no oculta sus referencias: Camino a la perdición y Deliciosa Martha, principalmente.

Pero también aporta algo personal: la pareja protagonista, Darío Grandinetti y Cristina Valdivielso, y esas son palabras mayores. El actor argentino ya había representado papeles similares (El lado oscuro del corazón), pero no enfrentado a una niña silenciosa, y el resultado es notable. Una historia relativamente banal se convierte en algo bonito y sensible, con momentos de gran intensidad dramática y otros llenos de humor.

El guión tiene bastantes puntos débiles, en su mayoría superados por el buen hacer de Grandinetti, pero que saltan a la vista cuando él desaparece. Afortunadamente, en esta cinta casi no tiene un momento de respiro. A Ariadna Gil, que interpreta a una bailarina cabaretera, amiga de la madre de la niña, le cuesta entrar en escena y sólo en el último tramo logra dar réplica a Dario Grandinetti; Ariadna lidera una subtrama contada con delicadeza.

Una película más que aceptable aunque no sea redonda, y que, en medio del torbellino afectivo moderno, propone encontrar la felicidad en las relaciones familiares.