Punch-Drunk Love

Director y guionista: Paul Thomas Anderson. Intérpretes: Adam Sandler, Emily Watson, Philip Seymour-Hoffman, Luis Guzmán. 94 min. Adultos.

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Paul Thomas Anderson (California, 1970) se llevó con esta su cuarta película el premio al mejor director en el Festival de Cannes 2002. Con el antecedente de la muy laureada Magnolia (1999), Punch-Drunk Love explora una singular historia de amor.

Anderson repite localizaciones en el Valle de San Fernando, la región californiana que vio nacer al gran Steinbeck. Así, con su peculiar y brillante-chocante estilo impresionista -tan propio del cuento-, relata la llegada del amor, que todo lo puede y todo lo soporta, a la vida anodina de un tipo (Adam Sandler) que trabaja en un almacén de golosinas, y compra cientos de botes de una salsa que regala viajes gratis en avión.

La película hace honor a su título (sonado por los golpes del amor). Es embriagador el talento visual de Paul Thomas Anderson -el diseño de producción es muy notable-, que consigue varios momentos bellísimos y algunos francamente divertidos. Muy alto es el nivel actoral: Emily Watson confirma que es una actriz en plena madurez, con unos recursos dramáticos envidiables; Philip Seymour-Hoffman ensancha la película cada vez que aparece en escena; y el coro de secundarios aporta la variedad sin la que Anderson se siente incómodo. Es meritoria la audacia de Anderson al escribir su historia para el otras veces insoportable Sandler, que compone un personaje muy entrañable.

Fiel al estilo narrativo kitsch, que le es característico, Anderson -la influencia de Salinger es acusadísima- sigue jugando con las casualidades y las coincidencias, aunque se muestra menos caleidoscópico y barroco que en Magnolia, situándose en la onda de Neil LaBute en Persiguiendo a Betty.

El tono circunstancialmente soez de la trama del teléfono erótico encaja mal en una comedia romántica que aborda la dificultad de mantener el equilibrio en un mundo que se deshumaniza y que quiere prescindir de los débiles y poco rentables. Me parece que a Anderson le pesa más su dependencia del video musical, que practicó en los inicios de su carrera. Gustándome la película, considero el premio a la mejor dirección en Cannes, a todas luces, una exageración.

Alberto Fijo

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