Primary Colors

Director: Mike Nichols. Guión: Elaine May. Intérpretes: John Travolta, Emma Thompson, Billy Bob Thornton, Kathy Bates, Adrian Lester, Larry Hagman, Diane Ladd. 140 min. Adultos.

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Hace varios años, un cronista del Washington Post publicó bajo seudónimo una novela sobre las primarias de un candidato demócrata a la presidencia con muchas semejanzas con el actual inquilino de la Casa Blanca. Ahora llega la adaptación cinematográfica de la mano del veterano Mike Nichols (El graduado, Armas de mujer, Una jaula de grillos). Los escándalos sexuales de Clinton nos habían preparado para lo peor: una película que hurgara en el morbo que provocan sucesos de esta índole. Sin embargo, desde su punto de vista, el film es riguroso, con un guión bien trabado y una hábil presentación de ideas. No se pretende contar la historia de los Clinton, sino usarla para ofrecer una particular parábola política.

El film narra la campaña de Jack Stanton, sinceramente preocupado por los problemas del hombre de la calle y con indudable tirón popular. Hasta el punto de que Henry Burton, hijo de un célebre activista de los derechos humanos, se une a su equipo de asesores. Al hacerlo, descubre que su jefe compatibiliza la conciencia política con aventuras extraconyugales. El guión no las justifica -las reacciones de la esposa son de enfado y dolor- pero las presenta como algo al margen de la profesión política. Para defender la separación a ultranza de moral pública y privada se afirma categóricamente que nadie es perfecto. Y, para apuntalar el pragmatismo de que lo único importante es cumplir la función pública, se presenta a un competidor de Stanton, que parece la integridad en persona pero que, como todos, también oculta diversos trapos sucios. Por otra parte, se critica el uso de la calumnia, por medio de falsos testigos, como modo de desprestigiar: todo el mundo sabe que se hace más caso a los rumores escandalosos que a los desmentidos del mismo.

Sorprende la ligereza con que la película trata los problemas de un ejercicio irresponsable de la sexualidad. La posibilidad de que el candidato haya dejado embarazada a uno de sus ligues preocupa en lo que tiene de contratiempo para sus ambiciones políticas: no importan los deberes que generaría tal paternidad. Lo cual hace interrogarse sobre si hechos como el descrito pertenecen sólo a la vida privada del hombre público. Choca también el consejo del candidato a Burton: para superar el estrés, le recomienda alguna aventura sexual. Las relaciones íntimas son algo despersonalizado en la vida de estos políticos, un juego, fuente a veces de problemas, que no conduce al amor.

Se agradece que Nichols y su guionista Elaine May traten al espectador en serio. Sus ideas, aunque algunas muy discutibles, al menos provocan la reflexión. Una buena puesta en escena y un reparto medido dan al film el carácter de producto sólido: muestra de lo que Hollywood sabe hacer cuando arriesga un poco, sin plegarse a las fórmulas que se cree que van a dar dinero. Destaca John Travolta, que logra un asombroso mimetismo con Clinton. En cambio, no acaba de funcionar el personaje de Kathy Bates, al que se presenta como el Pepito Grillo de Stanton, su conciencia moral, que le insta a ser fiel a sus principios y a no usar las armas sucias de sus contrincantes; pero la fuerza de sus consejos queda diluida por su propio modo de trabajar, su concepto de la sexualidad y la consideración del suicidio como salida válida.

José María Aresté