Pokémon. La película

Pokémon, the First Movie: Newtwo Strikes Back

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Director: Kunohiko Yuyama. Guión: Takeshi Shudo. Dibujos animados. 75 min. Jóvenes.

Es imposible aplicar los parámetros críticos habituales a este largometraje japonés de animación, que recaudó en Estados Unidos nada menos que 85 millones de dólares. Y es que esta película es un evento promocional más para incitar el consumo infantil de toda la parafernalia de mercancías que ha generado el popular videojuego lanzado por Nintendo en 1996, al que siguieron comics, cromos, vídeos, juguetes, discos y la popular y controvertida serie televisiva, uno de cuyos episodios, por cierto, generó en 1997 epilepsia fotosensible en 700 niños japoneses.

Para aclararse, primero hay que delimitar algún que otro término. Las mascotas pokémon son 151 criaturillas fantásticas, cada una con distintos poderes mágicos y psíquicos. Los entrenadores pokémon son seres humanos que intentan capturar el mayor número posible de esas mascotas, para entablar con otros entrenadores intensos combates pokémon, en los que gana la mascota que deja inconsciente al adversario. En la película, tres jóvenes entrenadores, amigos entre sí, viajan con sus mascotas a la remota isla de New World, donde se celebrará un campeonato para decidir quien es el mejor entrenador pokémon del mundo. Allí se enfrentarán en encarnizada lucha con los demás entrenadores, de todo tipo de pelajes. La intriga la pone el anfitrión del torneo, Mewtwo, maestro de entrenadores y el pokémon más poderoso de la tierra, pues fue creado por bioingeniería. En realidad, Mewtwo quiere crear una raza de superpokémons a partir de los originales. Su propósito se ve dificultado con la silenciosa llegada de Mew, un bondadoso y legendario pokémon, que se creía extinguido.

Hay que reconocer el mérito de los originales diseños de las 151 mascotas pokémon, fruto de la fértil imaginación de su creador, Satoshi Tajiri, que de niño coleccionaba insectos. A pesar de su simpleza de líneas y gestos, estas mascotas tienen cierta expresividad, y algunas de ellas -sobre todo el entrañable Picachu y el misterioso Mew- hasta transmiten ternura.

Sin embargo, esto no logra compensar una trama críptica, reiterativa y sólo comprensible por iniciados en el tema; ni una paupérrima animación, sobre todo de los personajes humanos; ni un mensaje de fondo en el que late mucha agresividad -todo se resuelve con los combates físicos propios de las artes marciales- y una insolidaria exaltación desmedida de la competitividad y del triunfo a toda costa, desarrollada además con el único objetivo moral en lograr acumular el mayor número posible de pokémons. No digo que la película haga guiños al superhombre nietzschiano -sería reconocer demasiados vuelos a esta memez-; pero, desde luego, en el universo pokémon, cuando no eres el mejor, no eres nadie.

Jerónimo José Martín