El director toscano de 45 años Paolo Virzì ha adaptado una novela de Ernesto Ferrero, otra más dentro de lo que ya constituye un transitado ramal del subgénero literario Napoleón: el de exilio en la isla de Elba, entre mayo de 1814 y febrero de 1815.

Virzì, que había dejado buen sabor de boca con la interesante Caterina se va a Roma (2003), se pasa al terreno de la comedia bufa para retratar el reverso de la gloria, entregándose a la desmitificación de un personaje que embelesó a Europa, a pesar de causar una carnicería notable y de mantener actitudes propias de un tirano sin escrúpulos.

Martino, un joven maestro, es el capricho de una baronesa casada con un anciano. Cuando Napoleón llega exiliado, las autoridades locales de Elba piden a Martino que, superando su aversión al emperador depuesto, trabaje a su servicio para tomar nota de todo lo que diga con vistas a la confección de sus memorias.

Lo que podría ser una comedia inteligente (con paradojas e incoherencias que salen a relucir en la relación entre un joven maestro de ideas liberales y el depuesto emperador en una pequeña isla) no pasa de entremés, con recursos comunes -demasiados- a los empleados por los guionistas en algunos de sus trabajos anteriores como El cartero (y Pablo Neruda) y varias películas de Ettore Scola.

No es un problema de actores, que son muy buenos; tampoco de realización y puesta en escena, satisfactoriamente pulcros. La película no funciona porque su tono bufo, con griterío frecuente y gesticulación inmoderada, se abona a un ejercicio de la caricatura simplista que termina por resultar cargante, por evidente e histriónico.

Con todo, Virzì es inteligente al no llevar su pequeña historia de ruindades e incoherencias por la senda más chusca y elemental. Es de esas películas, coproducciones aparentemente golosas, con deficiencias que parecen de fácil arreglo pero en realidad muy difíciles de sanar, al tratarse de taras estructurales.

Es interesante considerar que con ingredientes muy similares, en cuanto al tono, los personajes y las tramas, Molière consigue resultados asombrosos. Pueden comprobarlo en la divertida y chispeante versión de El enfermo imaginario que hizo TVE en el espacio Estudio Uno, editada en DVD.

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