Maverick

Director: Richard Donner. Intérpretes: Mel Gibson, Jodie Foster, James Garner.

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Versión cinematográfica de una vieja serie televisiva, que sigue los pasos de films como El fugitivo o La familia Addams. En esta ocasión, se trata de una parodia inteligente del western. Y nadie mejor que el guionista William Goldman para abordarla con ingenio. Ya acertó en el desarrollo narrativo de La princesa prometida, donde hacía reír con su tratamiento del género principesco de capa y espada. Nada que ver, por supuesto, con las bufonadas de Mel Brooks o de los Monty Python.

Bret Maverick (Mel Gibson) se prepara para asistir a una gran competición de póker. En su camino se cruza con Anabelle Bradsford (Jodie Foster), una gran jugadora a la que gusta hacerse la ingenua, y con un representante de la ley (James Garner). La trama es tan sencilla como esto. Y, sin embargo, el guión, desarrollado en un largo flash-back, es ingenioso, las peripecias que conducen a la gran partida están bien medidas y el final que parece no tener final es un alarde. De todos modos, quizá podría criticarse una excesiva presencia de Goldman en casi todos los gags del film.

Maverick es una película ligera, de tramposos que se engañan unos a otros. Es inútil tratar de encontrar en ella grandes planteamientos. Es un espectáculo destinado a entretener, con las dosis adecuadas de acción, humor y romanticismo. Aunque en este último aspecto, la relación Maverick-Anabelle es bastante frívola, hecha a base de chistes fáciles. A pesar de que ironiza sobre las películas del Oeste, también les rinde homenaje. Esto es evidente en una secuencia de acción muy bien rodada, tomada de La diligencia de John Ford, que combina también elementos de En busca del arca perdida de Steven Spielberg; no es una mera repetición, desde luego, y hay que reconocer su mérito a Richard Donner, un aceptable director de películas populares (Lady Halcón, Superman, Arma letal, La profecía), que aquí eleva su listón personal.

Mel Gibson se mueve como pez en el agua a la hora de demostrar sus dotes cómicas. Más discutibles son los logros de Jodie Foster, una buena actriz dramática, y que no acaba de convencer en comedia. Los demás actores están bien. Inmersos en un escenario impecablemente diseñado, destaca el gran barco donde se desarrolla la partida decisiva. Quizá este es uno de los aspectos en que hay que felicitar a Goldman y Donner. La secuencia de la partida está perfectamente planificada. Pocas veces el cine había logrado transmitir tan eficazmente la sensación de que uno se está jugando verdaderamente todo a una carta.

José María Aresté

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