Los fisgones

Guion: Lawrence Lasker & Walter F. Parkes.

Intérpretes: Robert Redford, Ben Kingsley, Sidney Poitier.

126 min.

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Años 60: dos estudiantes, Bishop (Robert Redford) y su amigo Cosmo (Ben Kingsley) se divierten gracias a su pericia informática en desviar fondos del partido republicano a grupos como el de los Panteras Negras o los Amigos de la Marihuana. Al descubrirles la policía, Bishop escapa, pero su amigo va a la cárcel, donde muere. En los 90, Bishop ha lavado su pasado y encabeza un equipo de sneakers, expertos en tecnología punta que se dedican a poner a prueba los sistemas de seguridad de las grandes empresas. Pero un día dos agentes del gobierno le piden que se apodere de un descifrador de códigos informáticos en que trabaja un científico. Si no colabora su pasado saldrá a la luz.

Phil Alden Robinson (Campo de sueños) ha unido sus esfuerzos con Walter F. Parkes y Lawrence Lasker (guionistas de Juegos de guerra) para hacer un film sobre alta tecnología y control del poder a través de la informática. La historia -contada con un buen ritmo narrativo- tiene bastantes puntos de contacto con las clásicas de un grupo de ladrones simpáticos que se las arreglan para burlar a sus oponentes. Los miembros del equipo tienen un rasgo en común: han tropezado antes con la justicia y comparten los ideales de los 60. A partir de la definición de personajes se articula una trama en que es fundamental la intriga -¿quién anda detrás del decodificador?-, deslumbrar con adelantos tecnológicos, y provocar situaciones de suspense. A esto se suman golpes de humor, a veces de buena ley. Pero en alguna ocasión se cae en la sal gruesa y en el erotismo.

La producción está cuidada al detalle: brillante diseño de producción de Patrizia Von Bradenstein, aire de misterio tecnológico en la banda sonora de James Horner, espléndida fotografía de John Lindley… Y unos actores con pegada, con un Robert Redford en la línea de Un diamante al rojo vivo o Los tres días del cóndor.

Visualmente destaca el comienzo en los años 60, con formato de pantalla de televisión, en la que una tormenta de nieve se transforma en la nieve de un monitor de TV, recuperándose el formato cine; o la resolución de un código con el juego del Scrabble. El film constituye, en suma, un buen entretenimiento.

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