Los falsificadores

Guión: Stefan Ruzowitzky. Intérpretes: Karl Markovics, August Diehl, Devid Striesow, Martin Brambach, August Zirner. 98 min. Adultos. (VX)

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Basada en un libro de memorias de uno de los protagonistas -vive y es nonagenario-, esta producción austriaca ganó, merecidamente, el Oscar a la película extranjera.

La historia es la de un judío ruso, Salomon Smolianoff, falsificador profesional, detenido en Berlín en 1936 e internado en un campo de concentración. Los nazis han tramado una operación para falsificar moneda de los aliados, y Smolianoff les hace falta para llevarla a cabo.

Ruzowitzky es un buen director y lo demuestra con una llamativa fluidez narrativa. La película, muy bien planificada, cuenta con una música excelente y un reparto que sabe manejarse con una historia triste y desencantada en un tiempo y un lugar siniestros y brutales.

Ciertamente las historias de campos de concentración resultan poco atractivas para un buen aficionado al cine, teniendo en cuenta las muchas películas precedentes ambientadas en ellos, algunas muy buenas. La similitud de esta con El puente sobre el río Kwai salta a la vista. Pero Los falsificadores, salvados algunos defectos evidentes, resulta original y sugestiva; es más, en muchos momentos sabe ser brillante.

Los defectos son evidentes: es excesivo el metraje y también la insistencia en algunas situaciones; falta profundidad psicológica y desarrollo en el retrato del protagonista; los conflictos se podrían haber construido de forma más sutil; hay dos escenas de sexo en las que sobra complacencia.

Pero hay muchas virtudes: la cinta es poderosa e impactante, estremece por la fría sequedad con que se acerca a un asunto terrible; hay coherencia en el retrato de los protagonistas sin recurrir al fácil recurso de falsear sus personalidades para hacer que la película sea más amena o más emotiva o más “positiva”; la fotografía, el montaje, la música, la puesta en escena y el diseño de producción son excelentes. La cinta maneja muy bien un recurso tan manido como el flashback, logrando que la película empiece y termine con fuerza.

Una cinta dura, desencantada, sombría, como el protagonista. El héroe convencional brilla por su ausencia.

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