Lagaan

Director: Ashutosh Gowariker. Guión: Ashutosh Gowariker, Kumar Dave y Sanjay Dayma. Intérpretes: Aamir Khan, Gracy Singh, Rachel Shelley, Paul Blackthorne, Suhasini Mulay, Kulbhushan Kharbanda, Raghuveer Yadav, Rajendra Gupta, Rajesh Vivek. 224 min. Jóvenes.

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El éxito internacional de La boda del monzón, de Mira Nair, ha confirmado la vitalidad de la filmografía india, la más prolífica del mundo. Una vitalidad que ya fue anticipada el año pasado por la candidatura al Oscar a la mejor película en habla no inglesa que logró Lagaan, la mayor superproducción de Bollywood, como se denomina a la poderosa industria fílmica de Bombay. Se trata de un abigarrado cóctel de aventura, romance, drama social y musical, producido y protagonizado por Aamir Kahn, una de las grandes estrellas indias, muy parecido físicamente a Tony Curtis cuando era joven. El director es Ashutosh Gowariker, famoso en India por sus trabajos televisivos y sus dos películas anteriores: Pehla Nasha y Baazi.

La acción se desarrolla en 1893, durante la ocupación inglesa de India. Los habitantes de una aldea asolada por la sequía se niegan a pagar el lagaan, un duro impuesto que además ha doblado el prepotente oficial británico de la zona. Éste finalmente hace una apuesta con Bhuvan, el joven y rebelde líder del pueblo: jugarán un partido de cricket; si ganan los campesinos, quedarán eximidos del lagaan; pero si ganan los ingleses, los indios deberán pagar el triple de impuestos. Mientras los aldeanos se entrenan para el encuentro, una chica del pueblo y una joven inglesa luchan por ganarse el amor de Bhuvan.

Ciertamente, el metraje es tremebundo -a pesar del intermedio-, los conflictos dramáticos son tan simples que el guión más que naïf parece kitsch, las intepretaciones son histriónicas y la colorista puesta en escena en formato panorámico resulta enfática y convencional. Sin embargo, el conjunto destila un candor, un vitalismo y un afán de entretener tan sinceros que acaba resultando muy simpático. Por otra parte, las canciones son preciosas y permiten unos exuberantes números musicales, coreografiados con ritmo y vigor arrolladores.

Jerónimo José Martín

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