La versión Browning

TÍTULO ORIGINAL The Browning Version

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Director: Mike Figgis. Intérpretes: Albert Finney, Greta Scacchi, Ben Silverstone.

Película singular en el panorama actual, a la que quizá haya abierto camino El Club de los Poetas Muertos. De nuevo un film insiste en el valor de la educación, en la capacidad del hombre para apreciar la belleza. Mike Figgis dirige y pone al día con gran acierto esta adaptación de la obra teatral de Terence Rattigan, llevada ya a la pantalla en 1951.

Andrew Crocker-Harris (Albert Finney), profesor de lenguas clásicas en un colegio de Oxford, se ve obligado a jubilarse antes de tiempo so pretextos de salud. Con el fin de curso se desvelarán los hilos que han ido tejiendo el fracaso vital del profesor. Se casó con Laura (Greta Scacchi), una mujer a la que quería. Pero ambos son muy distintos y se han distanciado. Ahora ella le es infiel. Estaba ilusionado con su vocación docente pero no siempre logra transmitir el saber que querría. Además, sus alumnos le tienen pavor. Pero Taplow (Ben Silverstone), que tiene con él clases particulares, le hará cambiar.

Es éste un film de detalles que no sobran, y que funcionan muy bien en contraste unos con otros. La ambientación es magnífica, el tono casi siempre elegante. Y los numerosos personajes secundarios sirven a la historia: la mujer, que arrastra una vida frustrada; el simpático profesor de ciencias, que sin embargo engaña a Andrew y a Laura; un rector incapaz de conocer a profesores y alumnos; el sustituto de Andrew, nervioso ante la perspectiva de enfrentarse a los alumnos en las aulas; y el joven Taplow, un chaval muy normal con un corazón de oro. Albert Finney hace del profesor una interpretación magistral. Hay muchos matices en la descripción de su personalidad. Severo, con dotes para la enseñanza, amante de su especialidad y de la cultura, incapaz de rebelarse cuando sus superiores le pisotean.

La versión Browning rezuma una amargura sutil. Al principio es imperceptible y no involucra al espectador, pero poco a poco le envuelve por completo, al percibirse lo que ha sido la vida del profesor. El engranaje narrativo es perfecto y prepara el camino a secuencias conmovedoras, capaces de mostrar lo mejor y lo peor que hay en el ser humano, y que hacen evolucionar positivamente a todos los personajes.

Quizá lo que más sorprende del film es su defensa apasionada del latín y el griego en la enseñanza. La hace de un modo inteligente, mostrando la satisfacción que supone comunicar a un joven una sabiduría y un gozo por la belleza que hasta entonces se disfrutaban en solitario. La satisfacción es mayor si se consigue con un muchacho que tiene pensado estudiar ciencias el próximo curso. El paralelismo entre la infidelidad que sufren el protagonista del Agamenón de Eurípides y el profesor no es sólo un recurso más o menos hábil. Es una demostración del alcance universal de la obra del dramaturgo griego. Se trata de recordar algo que hasta hace poco nadie ponía en tela de juicio: que sin las humanidades no hay civilización que merezca ese nombre.

José María Aresté

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