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Doce naves extraterrestres llegan a la Tierra y el gobierno norteamericano contrata a la doctora Louise Banks, experta lingüista, para intentar averiguar si los alienígenas vienen en son de paz.

La llegada recorre sus primeras tres cuartas partes rozando la obra maestra, pero el último acto navega en terreno pantanoso e impide que el film entre en el Olimpo de la ciencia ficción, donde habitan Kubrick y Tarkovski. Desde el punto de vista estético, La llegada es impecable. Se notan muchos ecos de Terrence Malick, algo con lo que siempre hay que tener cuidado, pues se puede acabar tildando de copia lo que debiera ser un original. Pero, trasunto o no, el resultado es fascinante. No sólo por la composición de los planos, escrupulosa, sino por el tempo, la delicada puesta en escena, y el paradójico intimismo de su atmósfera. Detrás está el director de fotografía premiado en Sundance Bradford Young.

El guion de Eric Heisserer, que se inspira en el relato corto Story of Your Life, de Ted Chiang, es magnífico al comienzo y algo más decepcionante al final. Es tan realista en la primera parte, que las inverosimilitudes de la segunda perjudican el buen camino iniciado. La cuestión de la traducción del lenguaje de los alienígenas, clave de bóveda del argumento, amén de confusa e insuficientemente explicada, es poco creíble. Por otra parte, la resolución tiene mucho de salto en el vacío, tramposillo y poco convincente. Curiosamente, el argumento –la búsqueda de un lenguaje que nos comunique con los extraterrestres– tiene mucho que ver con Encuentros en la Tercera Fase, pero aquella supo cerrar el guion con una limpieza clásica, sin recurrir a imposibles hipótesis científico-filosóficas. También, como en Gravity, sobre la protagonista pesa el drama de la desaparición de una hija, pero si Cuarón lo encuadraba en la metafísica occidental tradicional, Villeneuve opta por un bucle crono-psicológico confusamente determinista. Sin embargo, aquí se subraya el valor de una maternidad incondicional de forma muy bella.

En el capítulo interpretativo vuelve a deslumbrar Amy Adams, a la que da una réplica proporcionada Jeremy Renner. El personal militar es mucho más burdo y tópico como diseño de personajes. No podemos dejar de citar la banda sonora de Jóhann Jóhannsson, realmente inquietante y envolvente, muy coherente con la luz y el cromatismo del film. En cualquier caso, es una notable película difícil de olvidar.

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