Katmandú, un espejo en el cielo

Katmandú, un espejo en el cielo

TÍTULO ORIGINAL Katmandú: un espejo en el cielo

PRODUCCIÓN España - 2011

DURACIÓN 104 min.

PÚBLICOAdultos

CLASIFICACIÓNSensualidad

ESTRENO07/12/2011

GÉNEROS,

GUIONISTAS

DIRECTORES

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Después de También la lluvia, su brillante aventura americana, Bollaín vuelve a alejarse miles de kilómetros para rodar en Nepal. Laia es una maestra catalana que trabaja en una escuela de Katmandú ayudada por la nativa Sharmila. Su deseo de enseñar a los niños más pobres hace que choque con unas inercias sociales que amenazan con arruinar todo su proyecto.

La película tiene calidad técnica, fotografía y música brillantes, y buen trabajo actoral. Los problemas están en el guión. Se nota demasiado el armazón ideológico sobre el que se construye la historia, y eso le resta autenticidad. Ya la primera escena del rígido colegio de monjas de la España tardofranquista evidencia sin disimulo la comparación que se quiere establecer a lo largo del film entre el modelo educativo y social de la España de entonces con el desastre educativo y social de los niños pobres de Nepal.

En ambos casos, el film denuncia el peso de unas tradiciones que impiden un verdadero y libre desarrollo de la humanidad. A partir de ahí, despliega innumerables ideas y reflexiones que, sin detrimento de su sutileza, traspiran una forma mentis de raíz marxista: se nota que Paul Laverty es coguionista. Además, hay un problema de ritmo y de empatía con el espectador: la acción avanza más con diálogos que con hechos, y de todo ello se resiente la identificación con lo que pasa en la pantalla, que a veces se antoja previsible, literario o sencillamente tópico.

El tema del aborto, que aparece dos veces en la película, está tratado como “síntoma” de un modelo social. En una estructura en la que la mujer está reprimida por inercias y tradiciones, el aborto se propone como la dolorosa solución para que la mujer pueda aspirar a realizar sus sueños. No queremos decir que el tratamiento del tema sea frívolo –Bollaín es la antítesis de una cineasta frívola–, pero sí que es ideológico: el mensaje se impone a la realidad e impide valorar todos los factores.

Con todo, hay cosas valiosas en la cinta. Aborda cuestiones que no por conocidas dejan de conmover: la prostitución infantil, la explotación laboral de menores, la sociedad de castas, la situación humillante de la mujer en determinadas culturas… A través del personaje del lama amigo de la maestra se valora cierta espiritualidad, pero sin asomo de trascendencia.

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