Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Guión: David Koepp. Intérpretes: Harrison Ford, Shia LaBeouf, Cate Blanchett, Karen Allen, Ray Winstone. 124 min. Todos.

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Hace poco tuve que reseñar una edición en DVD de En busca del arca perdida y escribí que esa cinta, estrenada en 1981, es una de las mejores películas de aventuras de la historia. El guión de Lawrence Kasdan fue llevado a la pantalla por Steven Spielberg, un director de 35 años que ya era una celebridad por películas como Tiburón y Encuentros en la tercera fase, que contó con la inestimable colaboración técnica de George Lucas. El personaje del arqueólogo Indiana Jones se encomendó a un actor de 39 años llamado Harrison Ford, que todos conocían desde 1977 por haber encarnado a Han Solo, el simpático contrabandista de La guerra de las galaxias. Spielberg logró un equilibrio casi perfecto en una cinta dinámica y divertida, con secuencias de acción muy intensas e imaginativas.

26 años después, Spielberg entrega la cuarta película de una saga que tuvo jalones intermedios en 1984 y 1989. El último, Indiana Jones y la Última Cruzada, dejó al público con muy buen sabor de boca, en gran medida gracias a la decisiva aportación del simpático personaje del padre de Indiana Jones, interpretado con solvencia por el escocés Sean Connery y magníficamente incrustado en una trama ingeniosa, de un colorista exotismo, trepidante y divertida.

El resolutivo héroe arqueólogo buscó primero el Arca, luego un templo maldito de adoradores de la diosa Kali y después el Santo Grial. Esta vez, un cráneo tallado en cuarzo con extraños poderes será el objeto deseado y llevará a un Indiana cincuentón (la acción tiene lugar en 1957) a una perdida ciudad peruana.

La introducción parece obligada porque el espectador acude a ver esta película para reencontrase con un Indiana al que conoce bien. El reencuentro será feliz porque la película es entretenida y espectacular, pero resulta evidente que la cuarta entrega de las aventuras de Indiana Jones no tiene el carisma de la primera y la tercera, asemejándose más bien a la segunda, con la que comparte bastantes elementos del tratamiento temático y estilístico.

De la realización hay que señalar que es fiel -muy fiel- al estilo consolidado de la saga. Hay una elegante clasicismo en la fotografía del tres veces ganador del Oscar Janusz Kaminski; un fluido y preciso trabajo de Michael Khan, montador habitual de Spielberg; la popular y pegadiza impronta musical de Williams con su tema de “carga” y sus melodías de ambiente mistérico; y, en fin, el magnífico trabajo de edición de sonido del equipo de genios de la IL&M que revolucionó el audio cinematográfico bajo la batuta del coproductor George Lucas.

Si he querido repasar algunos pormenores de la buscada -y muy estratégica- fidelidad estilística es porque resulta evidente que Spielberg no ha imitado a su socio Lucas en la manera de prolongar la saga La guerra de las galaxias, realizada con una abrupta ruptura formal y material. Spielberg, en este sentido, usa los efectos digitales pero con tasa, de forma que siguen brillando la fuerza del decorado y el esforzadísimo trabajo de los extras, todo al servicio de la cercanía física de la aventura, del riesgo, de la verosímil acción inverosímil. Cuando no lo hace (esa nevera…), Indiana disminuye y crece Regreso al futuro.

El guión es también fiel, pero menos. Se busca la continuidad con el espíritu de la saga y se consigue pero de una manera casi inercial, sin brillo. El libreto de David Koepp (La guerra de los mundos, Spider-Man, Parque Jurásico, La habitación del pánico, Atrapado por su pasado) es menos airoso y fluido que los precedentes, en buena medida porque es el menos divertido. Aunque hay momentos logrados, no se puede obviar que tiene tramos de un farragoso mecanicismo, salpicado de aburridas explicaciones y diálogos desangelados, casi desganados. Es evidente, por otro lado, que Spielberg debe de tener agujetas en los párpados de tanto guiñar: hay un insistente homenaje-glosa a la saga, a la trayectoria de Spielberg y al cine de aventuras de los años 30-40, declarada fuente de inspiración de Spielberg y Lucas al idear a Indiana Jones.

Un 7 sobre 10, en suma, para una meritoria película que ha respetado su glorioso pasado, quizás con más rutina de la deseable y unas interpretaciones bajas de revoluciones (especialmente las de Karen Allen y Cate Blanchett, a las que el guionista no deja espacio para evolucionar). Hay una brillante secuencia de persecución -con mucho lo mejor de la película- que dura veinte minutos y es Jonesiana al 100%, “en la mejor tradición de la Caballería”, que diría el maestro Ford por boca del inolvidable John Wayne, una de las paredes del frontón (la otra es esa fuerza de la naturaleza llamada Buster Keaton) donde terminan rebotando los mejores héroes creados por el cine norteamericano.

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