Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

La tercera entrega de las aventuras de animales durante una era glacial es una película muy amena y espectacular, con situaciones muy graciosas, aunque -como es lógico- no es nada novedosa. El guión es hábil, más hilado y sugerente que el de la segunda parte, con un ingenioso recurso a los dinosaurios que, en principio, se habían extinguido por la glaciación. La ardilla Scrat sigue detrás de la bellota; los mamuts Manny y Ellie se preparan a ser padres primerizos; Diego, el tigre Dientes de Sable, tiene una crisis de identidad; y, en fin, Sid el perezoso sigue siendo un imán para los problemas, que llegarán en forma de… dinosaurios.

La historia -que tiene unas sorpresas muy bien diseñadas- es un tobogán por el que discurren emocionantes aventuras con un envidiable sentido del ritmo. La animación es excelente, brillando por encima del resto el inteligente e imaginativo diseño de los escenarios en los que discurren secuencias de acción de un gran dinamismo, que podrán disfrutarse en versión normal o en 3D. En el haber del brasileño Saldahna ocupa un lugar especial un simpático personaje, la comadreja Buck, que despliega una vitalidad desbordante y un pundonor lleno de salero. Buck se convierte en un detonante estupendo que evita que la película se estanque. En suma, un refrescante divertimento que siendo claramente inferior en calidad a las magistrales películas de Pixar y del japonés Miyazaki, tiene un acabado magnífico. Los estudios Blue Sky tienen pendiente demostrar que hay vida (animada) más allá de los animales parlanchines.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares