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Pagafantas es el que paga la ronda mientras ve, con cara de tonto, cómo sus amigos se llevan a las chicas. El bilbaíno Chema encaja en la categoría: es simple, quiere agradar, quiere quedar bien, y sólo logra hacer el ridículo. Está sin trabajo y su novia acaba de dejarle. La película comienza cuando Chema conoce a Claudia, una preciosa chica argentina, de la que se enamora a primera vista. Ella le quiere… como amigo. A lo largo de la película veremos los desesperados intentos de Chema por ganar el amor de Claudia, y los sinsabores que la empresa le acarrea.

Cada año por estas fechas aparecen un buen número de comedias gamberras de hechuras televisivas protagonizadas por jóvenes con las hormonas disparadas. Son tópicas, zafias… y aburridas. Pagafantas no es de esas. A partir de elementos conocidos, Cobeaga (hasta ahora cortometrajista de éxito y curtido en un programa humorístico de la televisión vasca) consigue una comedia original y divertida. Hay humor absurdo, gags visuales, momentos que tienen mucha gracia y otros más fáciles, pero la diversión no decae en ningún momento.

El guión es inteligente, aunque casi monotemático “obsexivo” y con abuso de los tacos y algunas blasfemias. Se combinan con habilidad cinco personajes bien definidos: los dos protagonistas, la madre de Chema, el amigo y confidente de Chema, y el tío Jaime, cuyos tics recurrentes aparecen siempre en el momento justo; y la historia mantiene su lógica hasta su no-final. La película tiene ritmo y hace reír a lo largo de sus escasos noventa minutos, que es lo que se había propuesto Cobeaga con esta comedia sin mayores pretensiones.

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