Harry Potter y el prisionero de Azkaban

Guion: Steven Kloves.
Intérpretes:
Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Robbie Coltrane, Gary Oldman, Michael Gambon, Richard Griffiths, Fiona Shaw, Alan Rickman, Maggie Smith, Timothy Spall, David Thewlis, Julie Christie, Emma Thompson.
141 min. Jóvenes.

Harry Potter crece. La saga del niño mago también. Estrena nuevo director, el mexicano Alfonso Cuarón (Chris Columbus quedó agotado con las dos primeras entregas), aunque manteniendo al guionista Steven Kloves, y contando con el necesario placet de J.K. Rowling, la madre de la criatura.

Tercer curso en Hogwarts. La incorporación de Harry, Hermione, Ron y compañía trae consigo una novedad. Ha escapado de prisión Sirius Black, un poderoso mago relacionado con la muerte de los padres de Harry. Las medidas de seguridad en la escuela se extreman, sobre todo con los dementores, siniestras criaturas policiales, capaces de introducirse en la cabeza del que tienen delante, y cuyos interrogatorios mentales Harry no soporta bien.

Como puede verse, la imaginación de Rowling depara nuevas sorpresas, y solo presentamos la punta del iceberg. Cuarón asume el mundo de Potter, usando lo mejor de su capacidad de cuentacuentos (que exhibió en La princesita) y evitando el error de pasarse de listo (su fallida versión contemporánea de Grandes esperanzas de Dickens). Además, apunta lo justo la entrada en la adolescencia de Harry (la rabieta con sus tíos, que le lleva a hacer magia en el mundo de los mugles, algo archiprohibido) y da un toque más oscuro a la saga. Los personajes más mimados son Harry y Hermione entre los niños, y el profesor Lupin (estupendo David Thewlis) entre los adultos.

Perjudica al film tanto reparto de campanillas para tan poco papel: decepciona ver a Emma Thompson, Timothy Spall o Julie Christie reducidos a comparsas. Donde el mexicano se gana un diez es en el capítulo visual. El autobús que recoge a Harry, el sortilegio de conjurar los miedos con un pensamiento ridículo, la clase sobre el hipogrifo, el viaje en el tiempo o los terroríficos dementores resultan deslumbrantes.

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