Gangs de Nueva York

TÍTULO ORIGINAL Gangs of New York

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Director: Martin Scorsese. Guión: Jay Cocks, Steven Zaillian y Kenneth Lonergan. Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Daniel Day-Lewis, Cameron Diaz, Jim Broadbent, John C. Reilly, Liam Neeson, Henry Thomas. 160 minutos. Adultos.

Un libro homónimo de Herbert Asbury, periodista que logró celebridad en 1926 con un reportaje sobre una prostituta que conseguía clientes en los cementerios, es el origen de la película de Scorsese. Gangs de Nueva York (la acaba de editar Edhasa en español) se publicó en 1928 y cuenta mil historias de bandas y bandidos en la Gran Manzana entre 1800 y 1925.

Según parece, Scorsese leyó la novela en 1970 y desde entonces soñaba con llevarla al cine. Es llamativa la descompensación que existe entre la vulgaridad del guión -pobre y elemental- y la cuidadísima realización -de un barroquismo perfeccionista, a ratos muy brillante- de esta larga, costosa e hiperviolenta película que vuelve a poner sobre la mesa la recurrente fascinación de Scorsese por la violencia, el crimen organizado y la marginalidad. En este caso, mediante una película supuestamente épica protagonizada por “matones estúpidos nacidos entre la miseria y la suciedad, criados entre el vicio y la corrupción”, como dice Asbury en su prólogo.

Los bandidos organizados en clanes que aterrorizaron con sus desmanes Lower Manhattan, la Cocina del Infierno y el cruce Five Points, convirtieron estos lugares en campos de batalla para dirimir su rivalidad. Con el concurso de la corrupción política, la miseria circundante y la emulación de los más jóvenes hacia el que consigue mucho a cambio de nada, el prestigio en los bajos fondos depende de la ferocidad inhumana de hombres que golpean primero y preguntan después. La batalla campal entre dos bandas en 1863 abre la película, una más de gangsters: unos tipos con una valentía desesperada en un mundo dominado por las peleas, el sexo y la droga, parafraseando de nuevo al reportero Asbury.

Scorsese ha organizado este material como un carrusel de violencia esquizoide, con magníficas interpretaciones de Day-Lewis y DiCaprio, unidos por una trillada relación paterno-filial. Un par de escenas con presencia de clérigos católicos mueven a la risa, en su empeño grotesco por insinuar un respaldo de la jerarquía a los gangsters irlandeses.

No se entiende muy bien adónde quiere llegar Scorsese con eso de que su película es una parábola que ayuda a entender que la sociedad norteamericana está construida sobre la violencia (en este sentido, es llamativo el lema promocional que se ha escogido para la película: América se forjó en las calles). Quizás Scorsese quiere vestir de trascendencia una película que por la falta de entidad de sus personajes, por lo endeble de tramas y planteamientos, parece más bien un gigantesco capricho (Scorsese ha rodado un par de horas más, que se quedaron fuera y servirán para alimentar la polémica, o vender la versión DVD, o mantener encendida la fama de incomprendido del director).

Alberto FijoDaniel Day-Lewis y Leonardo DiCaprio en una secuencia de Gangs de Nueva York

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